MRL-5M: historia de una epopeya (III)

Tengo lectores impacientes (bueno, sí, tengo lectores, ya tengo más de 2000 hits) por saber “la cosa en sí misma” de cómo hicimos el MRL-5M, pero paciencia, es una epopeya, recuerden los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, mientras tanto les voy mostrando imágenes de cómo quedó. Recapitulando: ya teníamos el radar en Camagüey, y una edificación sobre la que montarlo. Habíamos decidido eliminar bloques y partes del radar original, con lo que se nos simplificaba la vida en cuanto a montaje, no obstante esas partes debían ser sustituidas por circuitos que sirvieran de interfaz entre el radar en sí mismo (transmisor, receptor y antena) y la computadora que serviría de interfaz con los humanos en lugar de la voluminosa consola de operación del radar original. Estos circuitos a su vez habría que llevar a la práctica, y ¿con qué?

La pregunta no es trivial. Para poder diseñar, necesitábamos saber con qué contaríamos, dando por descontado que no era diseñar por catálogo y luego pedir las cosas (que es como se debe hacer), sino mirar con qué contábamos, y luego diseñar con lo que estuviera disponible. Así de difícil se pintaba la tarea, justo como para que cualquiera la desmayara, pero a mi alrededor siempre han estado personas muy talentosas, y más que en el talento, la clave del éxito siempre estuvo en la perseverancia y la capacidad para encontrar soluciones a los problemas insolubles. Pues bien, para diseñar contamos con cuatro fuentes:

  • piezas y componentes ociosos que nos vendió la Empresa de Servicios Informáticos (ESI) de Camagüey y el Instituto Central de Investigaciones Digitales (ICID),
  • chasis de televisores Krim 218 descontinuados,
  • una computadora EC-1022 (un análogo soviético de la IBM-360) desarmada por nosotros.
  • una pequeña cantidad de dinero en dólares.

Probablemente desde que yo comencé en Meteorología en 1981 ya estuviera en Casablanca una computadora EC-1022 (de esas que eran numerosos armarios llenando un local enorme). No recuerdo cuándo ocurrió, debe haber sido por el 1983-84, que se inspeccionó y se llegó a la conclusión que se había estropeado o que había venido ya estropeada. No sé bien los detalles, sé que hubo un lío alrededor de eso, y finalmente los soviéticos mandaron una EC-1035 en sustitución de esa, y yo aproveché la coyuntura y luché fuertemente para que me enviaran la estropeada. En aquel entonces pensaba que podríamos echarla a andar a pesar de todo, y me apoyaban algunos ingenieros del DATINSAC-Camagüey. Posteriormente la idea de echarla a andar contó con muchos obstáculos,  y finalmente se decidió desarmarla. Mi equipo de trabajo desarmaba todo el día, éramos 4 ó 5 personas cada día. Sin embargo, por las noches, en plena oscuridad, los desarmadores clandestinos avanzaban, vergonzosamente para nosotros, más rápido.

Siempre he admirado la capacidad innovadora del cubano común, que nada más de ver un equipo ya le están viendo la utilidad que le darían a cada una de sus partes: que si una malla para jaula de pollos, que si un rodamiento para un carrito para los mandados, que si transistores para un amplificador (no saben si les van a servir, pero dan por seguro que sí, para ellos todos los transistores son iguales y se diferencian solo por el tamaño) y el amplificador era “para ponerle música a todo el barrio”, que si una plancha de aluminio para forrar la meseta de la cocina, que si los armarios son libreros perfectos, que si un motor para una chapeadora para el patio o para un ventilador (los motores que nos llevaron eran totalmente inútiles para usos domésticos, pues eran de 380 V, tensión trifásica, pero quién sabe…). Cónstele al lector que mencioné ejemplos reales.

Sí, la EC-1022 nos proveyó de muchas cosas útiles: componentes eléctricos y electrónicos, rodamientos, motores, tornillos y tuercas, cables, en fin, nos aprovisionamos (sí, a pesar de la competencia de los clandestinos, algo logramos guardar) de muchas cosas que a la larga, años después, resultaron indispensables para armar  la maqueta de un radar completamente automático que llamamos MRL-5M.

Cerca de 300 chasis de televisores Krim nos regaló la Empresa de Servicios a la Población, allá por 1990 ó 1991, Armando Diaz Siberia fue el que se encargó de “lucharlos”, que en cubano quiere decir que hizo las numerosas gestiones que esto demandaba. Ahora mismo, sin exprimirme mucho la mente puedo recordar que en los núcleos de los transformadores de Krim enrollamos las bobinas de alisamiento para el mando de los motores de la antena, y que solamente en los chasis esos pudimos encontrar los varistores que tanta falta nos hicieron, además de resistencias y capacitores de varios tipos. También muchos transformadores de esos sirvieron para armar inversores caseros, que alimentados de baterías de auto ayudaron a paliar los apagones en más de un hogar de colegas del Centro Meteorológico de Camagüey, o en casas de sus familiares y amigos, en la época de los grandes “apagones” o de los pequeños “alumbrones”. Y esto no lo considero como una pérdida o una fuga, esto también fue importante para que los que se quedaron con nosotros la pasaran en sus casas un poco menos mal, y por tanto trabajaran un poco mejor.

Por allá por el 1994-95, la ESI Camagüey (antigua DATINSAC) vendió numerosos componentes en moneda nacional, provenientes de antiguos proyectos ya en desuso, o piezas de repuesto de equipos que ya habían sido desactivados. También directamente en el ICID compramos componentes ociosos. Todos fueron de gran utilidad en el diseño de la maqueta.

Por último, también contamos con un mínimo de componentes que pudimos comprar en dólares, que resultaron imprescindibles para que el diseño no resultará totalmente un Frankestein tan grande como una computadora EC-1022.

Pues bien, contábamos con eso: un radar MRL-5 en sus cajas, pero que cuando llegó a la loma lo sacaron de las cajas…bueno, ya esa es otra historia, la edificación, y un poco de componentes, bastante atrasados para la época, y claro, como dijera Ignacio Agramonte: y con la verguenza de los cubanos

 


 

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Acerca de meteoradar

Ingeniero eléctrico, Doctor en Ciencias Técnicas, Profesor Titular, Director del Centro Nacional de Radares del Instituto de Meteorología de Cuba.
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