Ascenso al “Everest” cienfueguero

Por enésima vez subí el viernes pasado al Pico San Juan, esta vez en calidad de simple técnico, lo cual puede llevar al lector a la idea de que otras veces subo como técnico-complejo, o como complejo-jefe, pero no es así, también soy un simple-jefe, y en cuanto a subir…pues como todos, en la cama del enorme camionsón dando brincos como sobre un caballo cerrero, y el último tramo a pie por la rampa (no la del Vedado, la del Pico). Ahora fue mejor, porque el camión llega hasta la base de la rampa. Tiempos hubo que subíamos desde la Loma de los Eucaliptos a pie, con nuestros equipajes, y con los pesados equipos de radar loma arriba, con esa pendiente de 47 grados, que a uno le parece que es de 97 grados…Para mí fue muy bueno volver a subir, y mejor aún volver a reparar cosas complicadas en el radar, para lo cual le tuve que quitar a mi cerebro una pila de telarañas para volver a recordar los planos que yo mismo diseñé y las cosas que yo mismo soldé junto a mis colegas-monstruos. Mis lectores comprenderán que ahora trabajo de “Informático” y de “Cartomántico”, es decir escribo informes y cartas que me piden los jefes, y por tanto me cuesta trabajo disfrazarme del ingeniero que algún día fui, por tanto podrán perdonarme.

Fíjense que complicado es todo. Medíamos una señal en el Panel de Control (orden de “Encender Transmisor”), y allí estaba bien. La medíamos en el Transmisor y allí no llegaba. Conclusión: se partió el cable. A esa hora a maldecir y a empezar a buscar un cable de reserva. En eso estábamos (vean la foto que es un re-make del mismo Albio hace 12 años en el mismo Panel de Control), cuando Albio encontró un diodito metido dentro de un “espagueti” es decir un forrito aislante, como si fuera un preservativo para preservar al diodo para que los cables no fueran a salir en estado. Joder, ya nadie se acordaba del dichoso diodo, pero enseguida nos dimos cuenta que “él” debía ser el culpable. Efectivamente, estaba “abierto” no dejaba pasar la señal ni pallá ni pacá (su función es dejarla pasar pallá, pero no pacá). Cuando lo sacamos dije -contra,  ¿a quién se le ocurre poner un diodo de Germanio aquí?, bueno, encontramos un diodo de Silicio y lo sustituimos. Ese era solo el inicio, porque las averías en los radares son igual que las desgracias…que nunca andan solas. Atrás venían las más complejas.

Bueno, como buen jefe, en cuanto llegué a Camagüey reuní la tropa de monstruos, a ver a quien se le había ocurrido poner los diodos de Germanio. Arturo, que Dios le conserve la buena memoria que tiene, enseguida se acordó y me dijo –Jefe, tú mismo dijiste: vamos a poner estos diodos D311 porque son de los que más tenemos, luego los cambiaremos. Bueno, puede recriminárseme por la mala memoria, pero visión sí tuve, eso es lo que estamos haciendo ahora: cambiándolos…cuando se rompen.

Se habían acumulado unas cuantas averías, pero el propio viernes las resolvimos casi todas y el radar comenzó a radiar establemente. Albio también encontró y resolvió algunos problemas de comunicaciones que mortificaban a los radaristas del Pico desde hacía un buen rato. Cuco, el cocinero, como siempre, nos preparó sus deliciosas recetas. El Pico nos regaló una hermosa puesta de sol (de esas que El Principito sugiere para cuando uno está muy triste, allí, suspendidos entre el Cielo y la Tierra), que no es muy frecuente en esta época del año, porque casi siempre ahí  estás  metido dentro de la nube.  Y para terminar, Rubiera nos planificó un tremendo frío, de siete capas (sí, por la cantidad de ropas que tuvimos que ponernos el domingo para bajar, en cambio Osmany, el jefe del radar, y chofer del Picomovil, andaba solo con un pulovito).

Yo, para no ser menos que Albio, también hice mi foto-remake:

Bueno, ya sé, no quedó muy parecida, pero no dispuse del mismo fotógrafo, que no es que yo haga cambiado taaaaanto na en 12 años, es solo el ángulo en que se tomó la foto.

Lo cierto es que el “señor” radar de Pico San Juan, un MRL-5 que se ganó la M de modernizado al final del nombre para pasar a llamarse MRL-5M  en el año 2000, con sus 500 y pico de kilómetros de alcance, ya está custodiando casi todo nuestro territorio nacional y aguas adyacentes. Este es otro de nuestros radares mirando al sur, todo un coloso en la cima del Escambray.

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Acerca de meteoradar

Ingeniero eléctrico, Doctor en Ciencias Técnicas, Profesor Titular, Director del Centro Nacional de Radares del Instituto de Meteorología de Cuba.
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