Montréal, mon amour la première nuit

Mi primera noche con Montreal fue verdaderamente una delicia. Marco y yo conseguimos el financiamiento por vías diferentes para asistir a la 29 Conferencia de la Sociedad Meteorológica Americana. De cómo llegamos al aeropuerto de Mirabel de Montreal a las 11 PM, contaré en otro post. Marco y yo habíamos colimado un hotelito superbarato, unos 65 dólares canadienses por una noche la habitación doble, al menos en Internet no se veía nada mejor, y además quedaba cerca del Queen Elizabeth, donde se iba a celebrar la Conferencia.

El único problemita era que no sabíamos si habría reservaciones o no, pero eso era un detalle que resolveríamos por teléfono, de momento habíamos disfrutado nuestro viaje, sentados en primera clase. El hotelito se llama Hotel du Nouveau Forum.

Salimos del lío de los equipajes, nos interrogaron un buen rato en Inmigración (debo decir que ya después de mis tres primeros viajes dejaron de interrogarme a fondo, y ya paso sin demoras…ya saben que no voy a quedarme), pero aquella vez nos preguntaron lo mismo palante y patrás y tuvimos que enseñar una copia impresa del programa de la conferencia para que vieran nuestros nombres allí.

En fin, cojimos el phone, y discamos el número, Marco se encargó de preguntarle al que salió si tenía habitación: do you have any room available? nada…las respuestas nada tenían que ver con un sí ni con un no (¿hablará francés el tipo?), después de haber gastado pila de moneditas en eso, desistimos, y como ambos somos muy optimistas, y no creemos en imposibles, arrancamos para allá. Un tipo nos sugirió que no cogiéramos taxi, sino una guagua que por 10 CAD nos llevaba a la Gare Centrale, y de ahí era cerca (cosa que ya habíamos visto más o menos en un mapa).

Dicho y hecho, llegamos hasta donde la guagua dijo hasta aquí, y salimos a caminar. Marco que fue pionero explorador y tiene un excelente sentido de la orientación se encargó de orientar a nuestro equipo (eso es él y yo) por donde coger y en breve nos vimos caminando por el boulevard René-Lévesque. El único problemita es que los mapas que hay en la calle están como que al revés. Yo le propuse a Marco que se parara de cabeza que yo le aguantaba las patas (a fin de cuentas tanta culpa tiene el que mata a la vaca…ya saben, que de eso de carnevaca ilegal en Cuba tol mundo sabe), pero Marco no quiso, le propuse pararme yo de cabeza, pero eso no funcionaría porque el del buen sentido de orientación era él (recuerden que ya yo estaba muy lejos de lo de ser pionero). En fin, resolvimos conque Marco inclinó la cabeza hacia un lado casi hasta partirse el cuello y dijo –vamos pallá, señalando hacia unos edificios grandes que se veían a lo lejos.

Camina que te camina, de pronto Marco, haciendo uso de su gran sentido de la orientación  dijo–Alto! Vamos mal. Los números pallá van decreciendo y el Reine Elizabeth (bueno, cuando eso no sabíamos francés y decíamos el Cuin Elisabe, bueno, en honor a la verdad ya Marco sabe francés, pero yo aun sigo sin saber) en fin, el Queen Elizabeth está en el 900 del René-Lévesque dijo Marco enérgicamente, así que media vuelta, vamos mal. Camina que te camina media hora más, cuando Marco, el explorador, dijo –Alto, vamos mal. Acabo de descubir que los números de la calle tienen un punto central a partir del cual crecen en ambas direcciones, además como podrás darte cuenta, nos vamos alejando de los grandes edificios. Yo asentí pasmado del gran sentido de la orientación de Marco (que Dios se lo bendiga) y nos pusimos a caminar otra vez en la misma dirección, bueno, en contraria de donde veniamos, y en la misma por donde su instinto de orientación iroqués (los iroqueses eran los indios que vivian ahí en Montreal antes de que llegaran los caras pálidas, pa tol que no se leyó “El último de los Mohicanos”) le había indicado inicialmente que debíamos ir.

Al fin encontramos el Cuin Elsabe, y de allí ya fue facil llegar: doblamos de  René-Lévesque por la rue de la Montagne hasta la rue Saint Antoine, y ahi dimos con el número 1320. Aquello estaba oscuro y tétrico, pero no había más nada que hacer. Entramos, subimos una escalerita, tocamos una puerta, al rato apareció un tipo con una cara de sueño. Ahi mismo, la consabida preguntica: do you have any room available? Yes –dijo el tipo lacónicamente y entramos. El tipo sin mucha demora dijo —Give me your passports. Cuando los coge en las manos dice muy contento –Joder , pero si son cubanos, viva el Che Guevara! El tipo era latinoamericano, por eso no nos entendiamos por telefono!

Eran las 2 AM. Ah, Montreal la nuit! Que me hubiera hecho de no haber sido por el instinto de orientación de Marco. Lo único es que yo tenía los pies en llamas, yo andaba con el par de zapatos que me compré para casarme y defender la tesis de ingeniería en el Moscú de los 80 (que con los años se habían encogido o a mi se me había “desparramao” la pata como decía mi abuela). Lo mejor es que cuando me iba de Montreal me enteré que cuando llegas a la Gare Centrale, puedes pedir a un taxi que te lleva hasta el hotel…completamente de gratis. Por suerte a la hora de irme si utilicé ese servicio.

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Acerca de meteoradar

Ingeniero eléctrico, Doctor en Ciencias Técnicas, Profesor Titular, Director del Centro Nacional de Radares del Instituto de Meteorología de Cuba.
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4 respuestas a Montréal, mon amour la première nuit

  1. jajajajaja… estos cubanos siempre ahorrando hasta el último centavo… aunque en el intento soltemos los pies y se nos gasten los zapatos, jajajajaja.

    • meteoradar dijo:

      Muchacha, ni te imaginas lo que caminé…cuando llegué de vuelta a José Martí 3, por no pagar el taxi salí a pie hasta Boyeros, me sangraron los pies por los zapaticos aquellos de los 80…

  2. Yasser del radar dijo:

    Ta bueno. Mas o menos sabia algo de la historia esa pero no completa. Hubiera sido más fácil si hubiesen tenido un mobile con Google maps. Jajjajaja.

    • meteoradar dijo:

      Ja, cuando eso a duras penas teníamos pa una pizza compartida, leete el de la dieta. Ni laptop ni nada, llevabamos la presentación en TRES disquetes, pero bueno, que tú no eres de esa época, y seguro ni sabes lo que fue un disquete, y por qué había que llevarlos triplicados.

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