Inglaterra: incidentes

Estimados lectores, es hora que les cuente que no todo fue color de rosa en mi tercer viaje a Inglaterra, a pesar de que sé que muchos supirarían pensando en lo maravilloso que es un viaje así. Tuve varios incidentes. Comenzaré como diría Simbad el Marino: “Sabed, ¡oh mis amigos! -¡pero Alah sabe las cosas mejor que la criatura!– que con la deliciosa vida de que yo disfrutaba desde el regreso de mi segundo viaje…”

Pues bien, salí del aeropuerto Gatwick el renegado (sí porque el favorito de los dioses es  el otro…Heathrow, el aeropuerto oficial de los JJ.OO.), en un Coach (eso es más o menos lo que uno le dice aquí una guagua, pero…bueno, no entraré en muchos detalles que pueden diferenciar a una guagua de un Coach, necesitaría varios posts para explicarlo).

El caso es que me acerqué al chofer, le mostré mi papelito-impreso-clarito porque  nuestra impresora de turno ya se está gastando (sí, cuando el toner, esa pieza negra, se estropea, hay que cambiar de impresora, pasa igual que con los carros afuera, no hay la pieza de repuesto, entonces debes hacer un upgrade a la próxima impresora cuando te asignen el presupuesto), bueno, el  caso es que le enseñé el papelito al chofer y me dijo– este mismo es (ya esa pregunta se la había hecho a los cinco Coach anteriores, esto no es un juego de pelota así que la cantidad e Coach no está normada). Tenía el maletero del Coach abierto y le di mi maleta, me hizo señas con la mano que me montara, porque yo estaba ahí mirando porque ya saben, es como en los trenes esos en que te avisan: el tren va a parar en la estación de Camaguey, sujeten sus equipajes. Bien, salimos de Gatwick Sur y fuimos a Gatwick Norte, de ahí salimos y el chofer anunció: regresamos a Gatwick Sur, algun comem**** dejó el equipaje en el andén, pero ni crean que me preocupé, yo le había dado el mío en la mano. Cuando llegamos a Heathrow, punto donde debía cambiar de Coach, el hombre me dio la maletica mía y me dijo–se te quedó en el andén, por culpa tuya tuve que virar. ¿Creen mis amables lectores que me inmuté? Pues de eso nada, ya lo dice la Biblia: “a donde fuereis, haced lo que viereis”, por tanto yo muy flematicamente-inglesmente le di las thankiu, cogí mi maletica y me fui a cazar mi próximo Coach (que no, que no es el tipo que se para en Tercera a dar instrucciones y a hacer muecas, se trata de una guagua, bueno, o más o menos, es solo para que tengan una idea).

Mi segundo gran incidente (tuve varios de menor categoría que no deben aspirar a un Post) fue al regreso. A la ida el Coach (el lector cubano compárelo con una guagua) me dejó justo frente a mi hotel (ya les dije que no, que no es que haya comprado un hotel, es una forma de decir más brevemente que se trata del hotel donde me habían hecho la reservación). A la vuelta mi pasaje electrónco-impreso-clarito decía claramente (por la falla del toner): 10:45 AM, Honinton Road (que es la parada donde me había dejado frente a mi…ya saben). Yo porsia, estuve ahí a las 10:25 AM, total ya no tenía nada más que hacer en el hotel. Al rato llegó un inglés, alto, rubicundo (eso no sé lo que es, pero en los libros de Agatha Christie y de Conan Doyle usaban mucho es palabra y me pareció adecuado colocarla aquí), bien inglesamente flemático, y bastante mayor, acompañado de una señora inglesa, y de otra señora más inglesa y más vieja. Luego un par de señoras inglesas más. Muy amablemente me pidieron el último, y les dije que no, que yo era el primero. Me preguntaron que si yo estaba para el National Express (como quien pregunta si uno está para el P4) y les dije que sí. A las 10:42 pasó un Coach (guagua) local de dos pisos (retengan este detalle en mente, no, no lo de los dos pisos sino de las 10:42, que estamos en Inglaterra, bueno, en aquel momento, ahora estoy en Cuba de nuevo). El chofer muy amable me preguntó: Usted está para el National Express? Yo muy orondo le dije que sí pero que yo no era el último, y señalé para los ingleses e inglesas. El tipo nos dijo, ya mirándonos a todos–bueno, pues todos están comiendo mier**…porque ese Coach hay que irlo a coger en la acera de enfrente. Yo reaccioné rápido, pero el inglés, flemático, rubicundo, y muy inglés y viejo me ganó la arrancada (recuerden que no en balde las Olimpiadas fueron aquí, todo el mundo está muy permeado del espíritu deportivo).

Sin embargo, ya en el separador central de la calle nos habíamos igualado para oh, sorpresa, ver pasar por nuestro lado al flamante Coach de National Express, que venía por su izquierda como suele hacer todo lo que se mueve sobre ruedas en Inglaterra, y dejarnos pasmadamente boquiaboertos a mí y al inglés viejo y rubicundo (coño, tengo que averiguar qué es eso por si acaso). El inglés me decía en inglés: We missed it, como dice un médico cuando un paciente se le va: lo perdimos. Yo le mostré mi reloj, el inglés me dijo: sí, ya sé que hicimos un tiempazo al cruzar la mitad de la calle, y yo que no, que se lo muestro para vea que son las 10:43, NO PUEDE ser el nuestro, y el inglés, siempre en inglés, que no, we missed it, I feel it. Cruzamos totalmente la calle, nos refugiamos ya todos (inglés e inglesas) en la parada que había del otro lado, y todos lamentándose menos yo, que modestia aparte falté a la clase de lamentaciones en inglés.

Comprendí que debía hacer algo, pues seguramente de todos los que estábamos ahí, el que no tenía dinero para pagarse otro Coach era yo, por tanto mi situación era la más desesperada. Entonces me llegó la solución, la inspiración divina, le hice el cuento de la maleta y de cómo el chofer de aquel Coach viró para recoger mi luggage (es decir mi maletica), por tanto si uno de los señores o señoras ingleses pudiera llamar a la Estación Central y explicarle en inglés (sí porque en la Estación Central todo el mundo habla en inglés, bueno, en todas partes en Inglaterra tienen esa mala costumbre) lo que nos sucedía, tal vez se comunicarían con el chofer y este viraría a recogernos como si fuéramos una maleta, es más si se precisaba me ofrecí a hacer el papel de maleta y que uno de ellos me halara. Mi propuesta (la de llamar, lo de hacerme pasar por maleta les pareció un poquito exagerado) fue aceptada. Una de las señoras inglesas tomó el celular de otra señora inglesa, y llamó, y explicó larga y lamentosamente (en inglés como ya les dije), dijo que teníamos una señora discapacitada (la más inglesa y más vieja), y yo le agregué, dígale que además un cubano, eso siempre le dará un toque político a la situación, y el de la Central pensará que podemos invocar la Convención de Ginebra. Bueno, el tipo dijo, OK, en una hora los recogen.

Y hete aquí amable lector, que a los 10 minutos se aparece un flamante Coach de National Express y para beneplácito nuestro se detiene en nuestra parada. La señora que llamó y yo chocamos las manos celebrando nuestro triunfo deportivo, cosa que aprovechó el señor inglés y volvió a ganarse la arrancada, y cuando el chofer del Coach se bajó ya con su chaleco verde brillante (que se lo ponen cada vez que se bajan a manipular equipaje y se lo quitan de nuevo al montarse), el señor viejo-inglés, ya estaba ahí con su maleta.

En este momento ocurrió lo impredecible, lo que jamás ningún inglés pudiera esperar. Yo no lo oí, porque los demás se habían apresurado y yo me había quedado atrás, pero el lenguaje corporal de un chofer de Coach es igual que el de un chofer de guagua. Luego yo, para que Ustedes puedan comprender les traduciré del lenguaje corporal al lenguaje inglés y de éste al español. El chofer de la guagua preguntó clarito, manoteando al inglés ganador de la medalla de oro–¿quién fue el comep**g* que llamó a la Central? ¿Ustedes no ven que yo salgo de la Estación Central a las 10:45 y no hay modo que pueda pasar por aquí a las 10:43 a no ser que la Tierra rote al revés? Esto lo explicaba tocándose un inexistente reloj en su muñeca izquierda, mientras su derecha parecía querer hacer diana en la cara rubicunda del inglés, que ahora sí tiraba a rojo, señalándole para un cartel en la parada que decía National Express. Aquí fue donde yo comprendí que yo había actuado (en el incidente primero) muy inglesmente porque mi inglés-viejo-rubicundo y flemático le dio las Thakiu al chofer y todos muy felices nos montamos rumbo a Londres.

Me bajé lleno de felicidad en Heathrow, listo para cambiar de Coach para llegar nuevamente a Gatwick el renegado, pero no sabía lo que me esperaba, tendría que hacer un cambio aún más terrible, algo que un inglés SÍ QUE NO PODRIA ESPERARSE. No bien me bajé…la suela de mi zapato derecho se abrió como un yarey, y se quedó boquiabierto mi zapato, el derecho, el del par de salir, con menos de un mes de comprado, con el que había hecho mi presentación en Met Office. Un par de zapatos a los que yo les había concedido mi más altos honores. Por suerte no fue el izquierdo, porque en Inglaterra todo se hace por la izquierda. Eso de decir “por la izquierda” es una expresión que los cubanos han traído de mayami, y le llaman así a eso de trabajar tapiñao en una cosa mientras reciben un subsidio, pero eso no debe confundir a mis nunca bien ponderados lectores. Cuando digo que en Inglaterra todo lo hacen “por la izquierda” me refiero al tráfico, por eso mi zapato izquierdo era más importante que el derecho.

No obstante, amables lectores sé que llegados a este punto se habrán aterrorizado, pero nuevamente mi sangre fría me salvó, tengan en cuenta que yo estaba en Inglaterra, y que ya desde los 60 yo admiraba secretamente a los Beatles, y luego de la apertura de la estatua de Lennon en el parquecito del Vedado ya lo hice un poco más públicamente, por tanto, me quité ambos zapatos (no los boté, los eché en una jabita que ya arreglaríamos cuentas al llegar a Cuba, es decir, el zapatero y yo) y caminé como todo un Beatle en Abbey Road (es decir, descalzo) hasta el baño y allí abrí mi maletica y saqué a mis viejos héroes de mil batallas y me los puse, siempre pidiéndole disculpas por no haberle concedido a ellos los máximos honores, pero como verán en mi próximo post, a la larga, ellos se llevaron las glorias de un Londres Olímpico y Eternamente Deslumbrante.

Los quiere su Tío Mat el Viajero

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Acerca de meteoradar

Ingeniero eléctrico, Doctor en Ciencias Técnicas, Profesor Titular, Director del Centro Nacional de Radares del Instituto de Meteorología de Cuba.
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Una respuesta a Inglaterra: incidentes

  1. Edgar Leyva dijo:

    hola mat muy bueno tu comentario sobre los contratiempos en londres y me saludas a los viejos heroes de batallas que cuando mas los necesitas Ahí estaran .

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