Inglaterra: satisfacciones

Dicen que a la tercera va la vencida. Había pasado yo dos veces por Londres y… directo del aeropuerto a la estación de trenes que está ahi mismo, y de ahí para Exeter…nada del Gran Londres. Esta vez sí que se me dió. Al retorno llegué a Londres (al hotel Hilton anexo al aeropuerto de Gatwick) a las 5 PM. En la Carpeta misma del Hilton Gatwick, la carpetera Marga, muy sagazmente se dio cuenta que yo hablaba español (conste que no fue por mi buen inglés sino por mi pasaporte que me delató), y ahí mismo le pregunté cómo podía llegar hasta Londres y sobre todo cuánto cuesta. Me explicó y me dijo que alrededor de 15 libras. La libra esterlina es un poco más cara que la libra de bistec de cerdo en el mercado, para que mis lectores cubanos tengan una idea del sacrificio que me aprestaba a hacer.


Pues bien, después de una corta pero reñida discusión con Mimismo entre si conservar las libras como esterlinas y dejarlas en Londres o traerlas y convertirlas en libras de bistec, me lancé hacia el Londres postolímpico, que a pesar de que he estado en 6 capitales olímpicas (Moscú, Montreal, Munich, Roma, París y Londres) nunca he estado tan cerca en tiempo-espacio de una Olimpiada. Y bien, tomé un tren en el andén 4 como me sugirió la que me vendió el boleto (por unos minutos por poco tomo otro que me habría soltado al Norte de Inglaterra) y a la media hora me encontré saliendo de la famosa estación central London Victoria, y un poco aturdido salí caminando al azar buscando acercarme al Big Ben como primer objetivo.

Pero no, mi primer objetivo (que no fue objetivo na, que salí por ahí pallá y me lo tropecé) fue el Palacio de Buckinghan, un lugar que yo conocía muy bien en mi imaginación, pues de pequeño estuve muy al tanto del brete aquel de los herretes (nunca supe que quiere decir un herrete, pero me imaginé una prenda del atuendo femenino) de la Reina de Francia que si se los dió al Duque de Buckinghan y el malvado Cardenal Richeliú le montó la intriga al Rey de Francia y entonces D’Artagnan tuvo que salir a toda prisa a buscarlos (y las terminales dicen que estaban bien dificiles, porque eso fue en una semana de receso escolar, que yo me acuerdo muy bien), y finalmente tuvo que entrar al dichoso Palacio del Duque de marras, y aquí se los muestro, unos años después de aquellos sucesos. Mucho después Dartacán el hijo de D’Artagnan tuvo que hacer lo mismo, pero ya de eso me enteré porque soy fan de los muñequitos y vi lo de los Mosqueperros con el pretexto de mis hijos. Frente al frente del Palacio de Buckinghan, me tropecé con la Fuente en honor a Lady Di, de la cual confieso no tenía noticias. Mis fotos no le hacen justicia pero es un lugar maravilloso, rodeado de lugares maravillosos, pero yo debía continuar caminando en busca del Gran Ben, que como ya les dije era mi objetivo Número UNO.

Salí caminando (bueno, por ahi dentro no circula ningún transporte así que no había otro modo de salir de ahí) de la Fuente de Lady Di, tratando de enrumbarme hacia el Ben. El tiempo estaba magnífico, y había un montón de personas en lo mismo que yo, es decir, turisteando por Londres, y a pesar de lo espaciosas de las aceras casi había que ir pidiendo permiso para pasar. Claro, mi plan era tan Napoleónico que no podía andar despacio. Salí tratando de acercarme a Westminster, pero no pude pasar por alto la iglesia de Santa Margarita, pero la foto me salió movida. Y seguí caminando hasta que por fin…Ben el Grande se veía a lo lejos, fíjense si es grande que mi sombra se ve chiquitica en el piso. Bien lo explican las teorías de la Física que el Universo comenzó a expandirse a partir de un punto en el momento en que el Big Ben empezó a andar, allá por septiembre de 1859. Normalmente el nombre se asocia al reloj, pero la campana fue la primera en recibir el nombre, ahora la torre se llama Elizabeth Tower. Ya en la foto más a la izquierda se ve otro de mis objetivos, la noria gigante llamada el Ojo de Londres, o la Rueda del Milenio, la cual solo vi de lejos, pero lo suficientemente bien para ver cuan grande es.

La próxima para obligada es el conjunto de la Abadía de Westminster, sede del Parlamento. Bueno, déjame no confundir, la torre del Big Ben es de la Abadía de Westminster, solo que por la calle en que yo iba es lo primero que se ve y cuando uno llega a Parliament Square es que logra ver la Abadía completa.

Seguí caminando hasta llegar al Támesis, buscando el Tower Bridge, pensé ir en guagua, pero un vendedor de fiambres me dijo que mejor caminara por todo el malecón del Támesis, y tuvo razón, fue una caminata de hora y media, pero valió la pena, Londres está lleno de lugares antiguos para disfrutar y el paseo fue sofocantemente agradable porque iba a paso doble. Vi numerosos lugares en los que me hubiera gustado detenerme más, como la Aguja de Cleopatra (que nada tuvo que ver con ella, pero que tiene jeroglíficos y todo, y las dos esfinges que la escoltan…en fin, muchas cosas pero yo quería ver el Tower Bridge…y lo ví.

A partir de ahí comenzó mi aventura subterránea por el Metro londinense que se llama Underground. Modestia aparte metí tremendo recorrido cambiando de líneas, y organizándome mi propio tour subterráneo. En la primera entrada tuve algunas imprecisiones hasta que capté cuál es el esquema, un poco inusual para mi experiencia anterior. Mi ticket de 14.60 libras me permitía cualquier tipo de transporte en el día, incluyendo el tren para regresar a Gatwick, pero…como Cenicienta…regresar a casa antes de las 12 de la noche, que se me acababa el ticket y las libras.

Bueno, estando en Londres no podía dejar de ir a ver a mi amigo Sherlock Holmes, en su casa de Baker Street 221b, ver la tienda donde venden cosas de los Beatles, y hasta me atreví a adentrarme ya tarde en el pintoresco barrio de Notting Hill, para ver la casa de la puerta azul, en la bohemia calle de Portobello Road, y para esto último sí que tuve que caminar y preguntar, porque está muy alejado de los circuitos turísticos. Bueno, de Notting Hill volando por los metros y el tren, llegué antes de las 12 PM al Hilton Gatwick y al otro día para Cuba.

Los quiere su Tío Mat el Viajero, que ya está en Cuba en sus funciones habituales de cazar huracanes con radares.

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Acerca de meteoradar

Ingeniero eléctrico, Doctor en Ciencias Técnicas, Profesor Titular, Director del Centro Nacional de Radares del Instituto de Meteorología de Cuba.
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