La energía no se crea ni se destruye…solo se derrocha

El Consejo de Ministros aprobó en abril del 2017 la Tarea Vida: Plan de Estado para el enfrentamiento al cambio climático, inspirado en aquella premonitoria frase del Comandante en Jefe Fidel Castro en la Cumbre de Río de 1992: “…una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre…”. Cinco acciones estratégicas y 11 tareas principales han sido delimitadas en la Tarea Vida para ejecutar acciones progresivas hasta el año 2100. Me quiero referir a una de las tantas actividades que se derivan de ellas: la eficiencia energética, que, a diferencia de otras, está mucho más cercana al día a día de cada cubano.

Los cubanos somos un pueblo muy instruido, nadie lo discute. Sin embargo, las escaseces de tantos años de bloqueo nos han conducido en el sentido contrario al que indicaría la lógica de ahorrar. Y no es que no ahorremos, no, ahorramos y en muchos sentidos; pero derrochamos algunas cosas aún más de lo que las ahorramos. No se trata de que seamos tontos, es que muchas veces no podemos hacer otra cosa para alcanzar el objetivo primario, y en otros casos…pues nada, ya tenemos entronizado el modus operandi de conseguir el objetivo “a toda costa”, que se traduce en conseguirlo “a cualquier costo”. Se trata de una pelea a muerte entre la EFICACIA y la EFICIENCIA, donde la segunda siempre sale mal herida o muerta.

El primer tema es el combustible y su uso para la transportación. Para alcanzar nuestras metas de desarrollo económico sostenible y bienestar social, inevitablemente debemos aumentar nuestros niveles de transportación, y con ello los niveles de emisión de dióxido de carbono, no es ese el punto que deseo cuestionar. Hay dos factores en la transportación que añaden un gasto ADICIONAL de combustible. El primero de ellos es no utilizar un transporte adecuado para cada tarea, por ejemplo, mover a una sola persona con un auto de 12 plazas (hay casos peores en los que emplean un camión, o incluso un tractor), en lugar de un auto ligero, o una moto. El segundo es la combustión incompleta, que es mucho peor, porque no solo implica mayor gasto de combustible, sino que, además contamina mucho más el medio ambiente, de lo que lo haría un transporte que garantice una combustión óptima (con su inevitable cuota de emisión de dióxido de carbono). La combustión incompleta la vemos a diario, basta solo con salir a la calle para percibir la cantidad de vehículos que lanzan por su tubo de escape humo negro o gris, especialmente camiones y ómnibus. El dióxido de carbono es incoloro, lo que da el color oscuro es combustible GASTADO INUTILMENTE, que va a parar al asfalto, y en general al medio ambiente. La combustión incompleta (causada por una carburación incorrecta) genera además, otros componentes muy nocivos para el ambiente y especialmente para las personas, como es el monóxido de carbono. Mi “estadística” es solo visual, pero me atrevería a afirmar que tenemos un bien surtido pozo de petróleo que yace en el subsuelo de la ineficiencia de la combustión en los vehículos. Si cambiáramos todos los transportes de combustión interna que mal funcionan en nuestras calles por autos en perfecto estado (y lográramos mantenerlos en un funcionamiento óptimo) tendríamos un ahorro considerable de combustible. Recuerdo haber visto en el Moscú de finales de los 70, policías de tránsito quitando las placas a autos, después de haberle comprobado con un gasoanalizador manual que su vehículo estaba mal carburado; pero nosotros no tenemos ese control. El Estado organiza los chequeos periódicos por medio del temido SOMATON de los carros, pero una vez que se obtiene el certificado, ya tienen la “patente de corso”. De muchos carros que circulan, lo mejor que puedo decir es lo mismo que dijo el gran Galileo: Eppur si muove.

No, no se trata de que nuestros directivos, administradores, y jefes de actividades sean mal intencionados o sean tan torpes que no entiendan eso. Cada día, muchos jefes se enfrentan a las complejas tareas de garantizar la transportación para sus actividades con un parque de transporte que dista mucho de estar en buena forma. También hay un problema de conciencia ambiental de todos ¿Cuántos de nosotros suspendemos una actividad porque vemos que el auto que nos debe transportar va echando humo negro? ¿Cuántos de nosotros decimos: no, no me muevas en un carro tan grande, es un derroche, mejor me voy en el transporte público hasta el otro extremo de la ciudad?

El otro tema en el que creo que tenemos otra gran reserva es en la climatización de los locales. Si un extraterrestre nos visitara pensaría que los cubanos nos hemos empeñado en climatizar todo el medio ambiente (sí, hasta las playas debe llega el aire frío), y no solo los locales donde están instalados los equipos. Lo más común es ver una hermetización del local muy deficiente, equipos inadecuados al volumen a climatizar, grandes ventanales de cristal que desafían al efecto invernadero, locales en los que se abren y cierran las puertas tan frecuentemente que están más tiempo abiertas que cerradas, ventanas con rendijas apreciables a simple vista, un acondicionador en un hueco que le queda grande, en fin…todo lo que un manual de climatización indicaría como LO QUE NO SE DEBE HACER. Hay casos aun más extremos, he visitado oficinas de atención al público donde hay un funcionario sentado con un aire acondicionado apuntándole, y que apenas lo único que logra es echarle un poco de aire fresco al atormentado funcionario (claro hay muchas oficinas de esas, donde el funcionario que atiende y los atendidos recibimos el servicio de sauna por igual). He visto muchos equipos de climatización en hotelitos y casas de visita que suenan, chirrean, vibran, y hasta rugen, demandan electricidad como el que más…pero penosamente solo refrescan un poco la habitación.

Al igual que en el caso del tema anterior, la gente usa lo que tiene para vivir y trabajar un poco mejor. Me atrevo a apostar que, si colocáramos en todos los locales de Cuba que lo requieren (y que lo tienen), la climatización adecuada, con todas las normas, tendríamos otro pozo de petróleo con grandes reservas para el país.

Que levante la mano el que no haya visto lo que describo. Sé que en estos dos temas es muy fácil ver “la paja en el ojo ajeno”, todos queremos ser directores del equipo Cuba de beisbol, y todos tenemos la clave para lograr el desarrollo económico del país en un breve plazo; pero en la práctica convivimos tranquilamente con el derroche de energía que describo (y otros que no menciono). No sé exactamente a qué organismo le tocaría llevar la Tarea Vida a estos temas que he tocado, probablemente deba ser un esfuerzo conjunto de varios organismos e instituciones. Tal vez deberíamos establecer auditorías sobre el uso de la climatización (tan rigurosas como las económicas). Tengo “la tiñosa”, pero busquemos “la jaula” entre todos.

No soy experto en mecánica automotriz ni en climatización de locales. Me dedico hace 36 años a los radares meteorológicos y solo de ellos es que puedo hablar con cierta propiedad (y mucho orgullo) por los modestos logros obtenidos por los ingenieros de radar del Instituto de Meteorología en materia de eficiencia energética, apoyados y alentados desde siempre por la dirección del mismo Instituto, de la Agencia de Medio Ambiente y del CITMA.

En 1997 pusimos en explotación lo que sería prototipo de radar meteorológico modernizado (No-Doppler), que se extendió a todos los radares entre el 2000 y el 2006. Esta modernización mejoró sustancialmente la eficiencia energética de los radares cubanos. Los dos modelos de radar demandaban originalmente 20 kW de potencia. Después de la modernización los radares japoneses RC-32B bajaron a 2.2 kW y los radares rusos MRL-5 (con más potencialidades) bajaron a 4 kW. El prototipo de radar Doppler cubano, encargado por el Jefe de la Revolución, y ya en explotación en Camagüey desde el año 2012, demanda solamente 3.3 kW de potencia. Sus homólogos más avanzados del mercado, con iguales prestaciones, demandan no menos de 30 kW de potencia para su normal funcionamiento. No, no somos magos, ni más inteligentes que los otros fabricantes. Simplemente es que desde el prototipo No-Doppler de 1997 pusimos especial énfasis en la disminución de la demanda energética del equipo. Todas nuestras soluciones técnicas fueron cuidadosamente diseñadas con este fin, meta que hasta ahora no se ha puesto ningún fabricante de radares.

Más sorprendente que la reducción de potencia es la disminución que obtuvimos de la energía utilizada por un radar en 24 horas. Esto lo logramos por el empleo de modos de operación económicos y estrategias energéticamente inteligentes para la exploración de la atmósfera. Antes del 2006 un radar ejecutaba 8 observaciones completas de la atmósfera en 24 horas (una cada 3 horas), y utilizaba 80 kWh en ese intervalo. Actualmente el prototipo de radar Doppler cubano (el más avanzado tecnológicamente en Cuba) ejecuta 144 observaciones completas de la atmósfera en 24 horas (una cada 10 minutos), y para eso emplea solo 54 kWh. Es decir, ahora hacemos 18 VECES MÁS OBSERVACIONES, y demandamos 1.5 VECES MENOS ENERGÍA que antes. Fue por estos resultados que el colectivo de ingenieros de radar del Instituto de Meteorología fue acreedor del Premio Nacional del CITMA al Mayor Aporte Medioambiental en el 2007. Ahí va nuestro granito a “la jaula”.

En materia de climatización y de transporte tenemos los mismos problemas que tenemos muchos en Cuba. A algunos radares podríamos darle un certificado de uso eficiente de la energía, en otros aún tenemos mucho que hacer. Paradójicamente empleamos más energía en las personas alrededor del radar que en el funcionamiento del propio radar. Disponemos de un transporte de 7 plazas. Lo mantenemos en buen estado técnico (no echa humo negro): pero a veces viajamos a un radar solo dos ingenieros en él, otras veces vamos llenos de personas y herramientas.

Cualquier actividad humana que aspire a su sostenibilidad debe trazarse metas concretas para reducir su demanda energética. La actividad que no lo logre, desaparecerá, como los dinosaurios. No debemos hacer nuestras tareas de hoy a costa del medio ambiente de nuestros nietos y bisnietos. Es preciso tomar conciencia ambiental y hacer que la Tarea Vida sea parte de nuestro quehacer cotidiano. Abogo por un S.O.S por la eficiencia energética en favor de la VIDA.

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Acerca de meteoradar

Ingeniero eléctrico, Doctor en Ciencias Técnicas, Profesor Titular, Director del Centro Nacional de Radares del Instituto de Meteorología de Cuba.
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