Innovación a contracorriente

La innovación tiene un carácter a veces  caótico y brota, como la yerba en cualquier terreno fértil…e incluso en terreno infertil.

Debe haber sido allá por 1986, ocurrió en una asamblea de balance de la delegación de la Academia de Ciencias en Camagüey. La actividad se desarrollaba en el teatro de la delegación del Ministerio de la Agricultura en Camagüey. Él estaba en la presidencia y yo, como es lógico abajo, en el público.

Alguien me incitó a que hablara sobre lo que hacíamos, que era un proyecto que estaba solo un pasito más allá de la idea. Le expliqué que estábamos trabajando en procesar la información de radar en una microcomputadora (es decir una Computadora Personal, que en aquel momento era toda una novedad, y les decíamos “micro” para diferenciarla de las computadoras “grandes”, es decir la EC-1022 del Centro de Cálculo). En ese momento, y desde 1983, la información del radar de Camagüey, digitalizada y grabada en un dispositivo de grabación en bandas magnéticas, se procesaba en la máquina “grande” para servir a los fines de los experimentos de lluvia provocada.

Él, vicepresidente de la Academia de Ciencias, era el representante del “nivel central” en esa actividad. Me miró condescendientemente y levantó los ojos al cielo como diciendo—Dios mío, perdónalo. En su infinita misericordia me dijo—muchacho, debes estar loco—y me explicó pacientemente cuántas veces era mayor el poder de cómputo de una máquina grande con respecto al poder de cómputo de una “micro” y la IMPOSIBILIDAD de que pudiéramos hacer en la micro lo que se hacía en la máquina grande. Y sin darme tiempo a más…continuó con otro tema, y no me quedó más remedio que sentarme.

Un poco más de año y medio más tarde, el 23 de marzo de 1988, inaugurábamos oficialmente el Sistema HERMES, en el cual, POR PRIMERA VEZ EN EL MUNDO, se acoplaba una microcomputadora a un radar meteorológico para realizar in-situ todo el procesamiento. Para la inauguración yo estaba en el Departamento de Pronósticos en La Habana y mi colega Rafael Valdés, coautor, estaba en el radar de Camagüey. Un poco después de las 5 PM, vino la Dra. Rosa Elena Simeón, presidenta de la ACC. La imagen transmitida desde el radar de Camagüey mostraba lluvia sobre Nuevitas. El Dr. Rubiera (que desde siempre fue cómplice inspirador de mi trabajo), ni corto ni perezoso, llamó a la estación de Nuevitas para corroborar y mostrarle a Rosa Elena la valía del trabajo.

Foto tomada mucho después de los hechos que narro, el 3 de abril de 1997, cuando inaugurábamos el primer radar en Cuba con mando completamente automático

Después de mirar y conversar con nosotros, Rosa Elena, que me conocía de anteriores entregas de sello Forjador de Futuro, hizo un pequeño aparte conmigo y con una mirada de picardía y complicidad me dijo—ya yo se lo había dicho a Él (no dijo nombre, ambos sabíamos de quién se trataba), que tú eres de mis locos favoritos. Nunca supe cómo se había enterado del diálogo en Camagüey.

Para no dejar un halo místico sobre el trabajo en cuestión, debo decir lo que le habría dicho al vicepresidente si me hubiera dado oportunidad: un compañero del DATINSAC Camagüey y yo, habíamos desensamblado el programa que corría en la EC-1022, y por mi parte yo me había estudiado numerosos artículos que explicaban la esencia del procesamiento de la información del radar. Nosotros comprendíamos la diferencia de poder de cómputo de ambas máquinas, por lo que estábamos seguros de que no cualquier programa que corriera en la EC-1022 podría correr en una PC, pero estábamos SEGUROS de que sí podríamos correr ESOS programas en la micro. Mi colega Alejandro Montero era un verdadero experto tanto en programación de máquinas grandes como en programación y es un talento de la programación (una combinación poco común en aquel entonces).

Ocho meses después de nosotros, comenzaron a emplearse microcomputadoras en los radares meteorológicos en el resto del mundo.

No solo el vicepresidente fue quién subestimó la idea. Cuando comenzamos a trabajar con la PC (antes de la asamblea de marras), un colega soviético la vio. Al parecer informó a los desarrolladores de sistemas para el radar y estos mandaron a un par de especialistas a evaluar. Nosotros aun no teníamos nada listo para mostrar y su evaluación fue: la PC solo sirve para escribir y jugar. A finales de 1989 nos invitaron a Moscú para mostrar nuestro sistema.

Pues sí amables lectores, para cazar liebres hay que estar atentos, ellas saltan en cualquier lugar, solo que hay que estar listos para disparar con precisión. En mi larga carrera siempre estoy atento a las ideas, y escucho con atención hasta la más descabellada. De ahí han salido muchas innovaciones.

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Acerca de meteoradar

Ingeniero eléctrico, Doctor en Ciencias Técnicas, Profesor Titular, Director del Centro Nacional de Radares del Instituto de Meteorología de Cuba.
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