MRL-5M: Confesiones, 22 años después

Ya han pasado 22 años de aquella epopeya. Ahora todo parece claro y sencillo; pero todo era muy complicado, incierto y oscuro. Desde el punto de vista técnico era una osadía tremenda. Yo arremetí contra todo, y digo yo, porque, aunque me asistía un equipo inigualable de ingenieros, ellos estaban prácticamente recién graduados y tenían como experiencia solamente los propios cursos que yo les había impartido en los que había volcado toda mi herencia rusa, y justamente, yo estaba yendo contra toda esa herencia rusa.

Yo tenía a mi favor que casi todo lo que íbamos a implementar. como idea, ya lo habíamos probado en el antiguo radar MRL-5 de Camagüey. Con el sistema ARGOS hacíamos observaciones completamente automáticas, pero bastaba cambiar un chucho y todo volvía a ser el radar convencional y todo el mundo se sentía seguro con eso.

En este caso íbamos a cambiarlo TODO. Cero indicadores PPI/RHI, cero manivelas de mando, cero cámaras para fotografiar los indicadores, cero pupitre de control del radar, cero amplidinas, cero tacogeneradores. Solo dejamos una computadora, los dos transmisores, los dos receptores, las guías de onda y la antena con sus dos motores.

Me recuerdo cuando, a pura mandarria, Picón, Alvaro y yo derribamos unos muros sobre los que irían los indicadores en el diseño original. Todavía algunos me preguntaban–¿estás seguro que no van indicadores en esta sala? Y yo, que no, aquí haremos la cocina-comedor.

Un compañero muy bien preparado me decía–pero si quitas los indicadores, ¿a qué le vamos a tirar fotos? Y yo que no, que la información va a ser digital, que una y otra vez puedes reproducir las imágenes porque todo estará guardado por los siglos de los siglos. Otro insistía en que si quitábamos las amplidinas ¿cómo pensábamos mover los motores? Y yo que tranquilo, y les enseñaba unos tiristores pequeñitos, y el tipo–na, con esa mierdita no se puede mover un motor que pesa 60 kg, ustedes están locos de remate. Había muchas dudas técnicas. Yo estaba yendo contra todas las enseñanzas de la escuela rusa, que era la que me había formado. Era como abrir un brecha en un sólido y grueso muro. Era cambiarlo todo y simplificar el radar hasta dejarlo en lo mínimo necesario para que cumpliera su función vital. Y eso lo haríamos sin abandonar las muchas soluciones técnicas que la técnica soviética nos había enseñado.

Había sin embargo, otros que dudaban sin un fundamento técnico. Jefecillos, y otros no tan jefecillos, malintencionados, que hacían como que ayudaban; pero era solo un paripé. Ellos esperaban, como los emperadores romanos, a ver si triunfábamos, ellos levantaban el pulgar y dirían (como dijeron) que ellos siempre habían confiado, y si no…pulgar abajo y ya saben.  Por suerte estaba la Ministra Rosa Elena, y ella nunca dudó. Eso mantenía a raya a los escépticos.

Las condiciones eran bien adversas. Para entrar a “la Loma” teníamos que hacerlo en una carreta abierta con un tractor tragando polvo a no dar más. La carreta tenía recorrido ajustado por el chofer, que era quien atendía el “autoconsumo”, por tanto, teníamos que subordinarnos a “sus” necesidades. Él “nos daba un chance”, algo así como que “nos sobrellevaba”. La alimentación no era buena y además nos cocinaba la “cochinera” (pero bueno, Marta, Herpecito y la cocina merecen un post aparte). También dificultaba que el 90% de los componentes era extraído de equipos descontinuados, ociosos o cosillas regaladas por amigos, también de uso. En una misma computadora diseñábamos los circuitos, diseñábamos los impresos, el cableado y además … Marco programaba y eso era palabras mayores. Por si fuera poco estaba una empresa constructora terminado la instalación y haciéndonos la vida un talco porque había que parar todo cada vez que ellos usaban soldadura por arco (y ellos lo hacían sin pedirnos permiso, porque ellos eran “los importantes” y los más apurados).

El TIEMPO era el mayor factor que teníamos en contra. Rosa Elena nos había comprometido para el 4 de abril y faltando 10 días, lo adelantó para el día 3. La empresa eléctrica nos puso la electricidad trifásica faltando solo 9 días para la inauguración (habiándolo pedido con meses de antelación), es decir que antes que eso, no había modo de probar el radar. No bastaba que era primera vez que los cubanos asumíamos el montaje de un radar sin contar con el fabricante. No bastaba que habíamos modificado el radar RADICALMENTE. No bastaba que habíamos tenido que hacer toda la electrónica con componentes de uso. No bastaba que no teníamos la posibilidad de hacer circuitos impresos y tuvimos que alambrar las 9 tarjetas. No bastando todo eso, tuvimos que poner a punto el radar con los constructores trabajando (y obstaculizándonos) todo el tiempo. Terminamos juntos, la obra civil y el montaje del radar el mismo día 2 de abril. Solo como referencia diré que la puesta a punto de los radares rusos en Cuba demoraba más de dos meses, y no 9 días. Los soviéticos descansaban sábados y domingos e iban a la playa. Nosotros trabajábamos a ritmo de 14 horas todos los días.

Los constructores fueron un verdadero problema todo el tiempo. El Primer Secretario en la provincia, Carlos Diaz Barranco, decía que la nuestra era la “obra del siglo” en Camagüey. La misma empresa constructora terminaba, a la vez,  el montaje de un radar de aproximación para el aeropuerto en la loma vecina. Aquella obra contaba con un financiamiento “fuerte”. Los propios constructores se referían a ella como “el radar de los ricos” y a nosotros como “el radar de los pobres”.

La suerte fue que para terminar constructivamente nuestra obra apareció la Brigada 43. Ellos no pertenecían a ninguna empresa constructora. Se llamaba así porque “cuando no eran 4 eran 3”: Orestes Albernas, Jorge Luis Mora, Pedro Pérez Picón y Rafael Valdés, todos trabajadores del Centro Meteorológico Provincial de Camagüey, los dos últimos, operadores del radar. Esos fueron los héroes de esa construcción. Los vi rehacer una escalera porque la empresa constructora la hizo chapuceramente, terminaron el baño, la cocina, infinidad de cosas. Si no hubiera sido por ellos, la obra no se termina

Para terminar nuestra obra faltaba el “parqueo”. Los constructores exigían un proyecto. Osmelito tomó medidas e hizo un boceto, dibujó esquemas, le puso cajetines y firmas inventadas, con cuños borrosos y le dijo–aquí está el proyecto que nos dio la empresa de proyectos. Y se contruyó el parqueo. Este parqueo fue “inaugurado” antes que el radar. Era una noche ya muy tarde, faltando solo unos días para la inauguración y nos vinieron a recoger en un jeep. Uno de nuestros compañeros, al que llamaban “el proyectil” (que no he dicho ná, cuaquier semejanza con uno que ustedes conozcan es pura coincidencia), lo cagó. Es decir, el jeep llegó y con las luces largas puestas puso al descubierto que el compañero proyectil estaba “inaugurando” el parqueo con sus heces (para el que no entendió, el proyectil estaba cagando en el parqueo de Osmelito).

A lo largo del montaje tuve que poner mano muy dura con mi propio equipo. El factor tiempo conspiraba contra el factor calidad y yo no estaba dispuesto a ceder. Yo comencé a diseñar el cableado y les mandé algunos planos para que comenzaran a cablear. A los 2 o 3 días fui a tirar un chequeo y cuando me acerco al panel de control veo que un cable de muchos conductores había quedado medio que cortiñan, y cuando lo soldaron a sus anclajes, los conductores habían quedado tensos que parecían un arpa (y eso es muy “feo” en un montaje). Recuerden que el tiempo nos apremiaba. Sin inmutarme fui a mi maleta de herramientas, saqué mi pinza de corte y piqué todos los conectores de ese cable. Todo el mundo se aterrorizó. Uno protestó, no dije nada y me puse a soldar correctamente el cable. Les dije si lo vamos a hacer es BIEN, no vamos a avergonzarnos de esto toda la vida. En lo adelante nunca nadie más trató de cambiar calidad por tiempo.

Mis compañeros miraban hacia a mí con confianza ciega de que todo saldría bien. Hoy ellos son mejores especialistas que yo; pero en ese montaje me tocó tragarme todas mis dudas y mantener firme el rumbo, como si yo realmente yo tuviera todas las respuestas. Y no las tenía, las fuimos obteniendo sobre la marcha. Sí, a pesar de los pesares…Se hizo camino al andar.

Nuestra variante de radar MRL-5 completamente automático había aventajado con mucho a las 3 o 4 variantes soviéticas que hubo, en las que los soviéticos mantenían casi todo del radar original.

 

 

 

Anuncios

Acerca de meteoradar

Ingeniero eléctrico, Doctor en Ciencias Técnicas, Profesor Titular, Director del Centro Nacional de Radares del Instituto de Meteorología de Cuba.
Esta entrada fue publicada en Anécdotas, Así fue la historia, Opiniones y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s