Hablando de monstruos: Dositeo

Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”. Bertolt Brecht

El monstruo Dositeo (el que está en la parte derecha de la foto)

A lo largo de mi primera vida laboral (ya estoy en los comienzos de la segunda) he tenido el privilegio de trabajar con personas extraordinarias. Este es uno de los casos. Dositeo, a quién todo el mundo le dice respetuosamente Teo, comenzó a trabajar un poco antes que yo (no mucho), y nació también un poco antes que yo (no mucho). Dositeo se había graduado de técnico medio en el Tecnológico Álvaro Barba de Camagüey y con posterioridad se licenció (en curso para trabajadores) en el Instituto Superior Pedagógico de Camagüey José Martí. Cuando comenzamos, él trabajaba en la Oficina Territorial de Meteorología en Cisneros 105, y yo en el campus donde hoy trabajamos ambos y que se llama Centro Meteorológico de Camagüey que, dicho sea de paso, en julio cumplirá 55 años (el centro, que a Dositeo lo inauguraron en el 55). Dositeo ha sido siempre un verdadero soldado de la Meteorología, de la Revolución y de la Patria, les explicaré por qué.

Simultáneos, a veces  alternos, nos tocó estar en infinidad de movilizaciones: la caña (siembra, corte, limpia, fertilización…y hasta etcétera), la papa (sí esos tubérculos casi extintos que se pagan a precio de antigüedad de faraones egipcios), la yuca, el tomate (otra antigüedad dorada), la recogida de frijoles, la guayaba más allá de Altagracia (viajando 25 km en bicicleta ida y lo mismo vuelta), los cultivos varios (variosssssss), los sembradíos que hicimos en el centro en los años 90 y otro largo etcétera de actividades agrícolas. Conste que a Teo se le daban bien; pero era porque, a fin de cuentas, él venía de un politécnico de la agricultura.

Labores agrícolas en el “auto-consumo” en la Loma de la Mula

También en la construcción tuvo un papel protagónico: el cable coaxial, el Policlínico de Especialidades Pediátricas, la Plaza de la Revolución, la rotonda del Papa (sí, el del Vaticano, nada que ver con los tubérculos faraónicos antes mencionados), las placas en casa de los socios y de los no tan socios; sin olvidar la infinidad de locales de nuestro centro que tienen la huella de su pala y su cuchara de albañil. La más notable: la Nave (sí, donde está el local en el que ha gobernado “dictatorialmente” el centro durante casi 18 años), lo que demuestra que, a pesar de no venir de un politécnico de la construcción, estos menesteres “albañileriles” también se le dan muy bien (pregúntele a su esposa Dorita si no me creen).

Construcción de “la nave”, que hoy es el edificio de la dirección del Centro Meteorológico

En estos asuntos constructivos hay uno muy especial en que Dositeo tuvo un papel protagónico. Desde que comenzamos a trabajar se hablaba de un futuro y mítico centro meteorológico (el que iba a ser “el mejor de América Latina”, como nos gusta decir a los cubanos), que habría de ser construido en una localización, 4 km al sur del centro meteorológico actual. En la primera visita lo que ellos vieron fue un marabuzal en forma de loma, que mucho trabajo les costó a Dositeo, Hilda Arredondo (a la sazón la administratriz del Centro) y a José Mario Alonso (jefe del radar y fotógrafo) llegar a la cima. Para no aburrir a mis lectores, en otro post contaré la epopeya de la loma; ahora solo mencionaré que Dositeo fue enviado al frente de un grupo de bravos meteorólogos (Albernas, Picón, Carlos Hernández, Freddy, Tito, Cebrián, Ballester y Mario) a conquistar la Loma de la Mula (que así se llamaba) … a puro filo de machete y hacha.

A la izquierda con Hilda Arredondo (la administratriz) en la primera visita a la Loma de la Mula, a la derecha, al frente de los valientes conquistadores de la Loma

El marabú estaba que hincaba; pero sus machetes estaban que cortaban. Así desbrozaron todo el sitio completo, hicieron caminos, cercaron los predios y construyeron. No se llegó finalmente a construir aquel anhelado centro; pero sí se construyó la edificación del primer radar meteorológico en Cuba con mando completamente automático: el MRL-5M.

Radar MRL-5M, instalado en los vastos predios de la Loma de la Mula

Hay cosas de Dositeo que le tocaría a otro contar (Bruneta es contigo, escribe en los comentarios, que tú fuiste su fiel compañero en todas las aventuras), como lo buen hijo que fue y cómo se dedicó a cuidar con esmero a su mamá hasta su último aliento. Fueron muchísimos días de largos años de no dormir en toda la noche y estar antes de las 7 a.m. en el centro, como si hubiera dormido plácidamente. También le toca a otro hablar de su destacado papel como jefe de un batallón de las Milicias de Tropas Territoriales. Yo me limitaré a mencionar que a Dositeo, que como a Hércules se le asignaron numerosas misiones, se le pidió que reforzara el grupo de lluvia provocada y volara en los aviones y lo hizo durante años. Pero algo sí puedo dejar en claro para todos los jóvenes irrespetuosos que dudan de todo: Dositeo SÍ TENÍA PELO. Lo demostraré a continuación con estas fotos de cuando volaba en los aviones, para que no hablen más cáscaras y respeten a Dositeo cuando dice que él ha perdido los pelos dirigiendo este centro durante 18 años.. Pueden hacerle prueba de ADN a la foto para que se convenzan…descreídos.

A la izquierda, bajando del avión junto al Dr. Daniel Martínez, a la derecha avión y tripulación sovietica

Hablando de otros temas que yo sí conozco bien, les comento que Dositeo tiene una gramática muy pulimentada, lo que pasa es que su estilo es complicado, como el James Joyce, y todo el mundo dice que es un genio (Joyce, no Dositeo, conste que porque no lo han divulgado como a Joyce). Su estilo consiste en que el comienza a hablarte por la mitad del asunto, asumiendo que uno tiene el poder de leer la mente y conoce la primera mitad del tema. Pero no, después que él avanza un poco, uno se da cuenta que no sabe de qué está hablando y uno cortésmente le dice: Teo, no entiendo ni timbales de lo qué me estás hablando, y entonces él, condescendientemente (sí, te mira como diciéndote –chama, “yo no te voy a durar toda la vida”) te remite brevemente a la primera parte que tú desconoces. Frecuentemente el monstruo Tomás me renviaba correos de Dositeo con el siguiente amable texto: ¡Ay Cervantes! Orlando ¿pudieras traducirme este correo de Dositeo a ver de qué rayos (a Tomás no le gustaba decir “de qué coj…”) habla Dositeo? En fin, todos sus allegados sufrimos por nuestra incapacidad de entender su sintético estilo de hablar y de escribir (como tampoco entendemos a Joyce y nos hacemos los fisnos); pero secretamente le envidiamos su grandeza en el uso de la lengua española en su vertiente santacruceña.

Otra de las misiones que se le dio a Teo fue dirigir el Departamento de Pronósticos y la cumplió exitosamente. Sin ser él mismo un pronosticador, organizó el trabajo, disciplinó y estableció métodos de trabajo innovativos que lamentablemente algunos se han perdido hasta hoy. Bueno, yo tampoco soy pronosticador, a mi no me crean mucho, hablen con Bruneta (sí, Carlos Hernández, es contigo).

Dositeo siempre ha sido un jefe de los que permanece “apochonchado” confortablemente todo el tiempo en su despacho. Vanidoso como es, su despacho es “especuladoramente” grande (abarca todos los predios del Centro Meteorológico). La probabilidad más baja de encontrar a Dositeo es justamente en su oficina (remito a mis lectores a la Física Cuántica y al Principio de Indeterminación de Heisenberg). Desde que él llega, anda itinerante por todas las áreas, lo mismo en la estación a la entrada que al fondo en los talleres y no hay algoritmo capaz de predecir en qué lugar él estará en cada momento. Por suerte, ya cuando nos dieron los teléfonos celulares las cosas mejoraron. Si lo quieres localizar lo llamas al celular. El celular suena en su oficina y la secretaria sale corriendo a “montearlo” por todo el centro. Cuando él está en eso ni la secretaria se atreve a “tocarle a la puerta”. Dositeo es lo que en el libro “Pasión por la Excelencia” llaman un jefe itinerante.

Nótese el tamaño desmesurado del despacho que se ha auto-asignado Dositeo que abarca toda el área del centro. Si no es aumentando el área del centro, ningún director lo podrá superar en tamaño del despacho.

Sin embargo, debo decir que él sí tiene un lugar preferido para encerrarse a cal y canto y cantarle las 40 a cualquiera. Es un “local” bien ventilado, porque allí es donde él ventila los asuntos importantes, véanlo Ustedes por sí mismos.

En esta oficina secreta Dositeo se enciarra a ventilar asuntos muy delicados. Algunos irrespetuosos se la usan de parqueo, abusando de su infinita bondad.

Una cosa de Dositeo que a mi nunca me gustó fue su totalitarismo. Dositeo era Secretario del Sindicato (la última de las misiones que le habían asigado antes de ser director) y ¿pueden creerlo mis incrédulos lectores? No dejó el cargo del sindicato y mantuvo los dos poderes en su persona. Como director nunca logró sancionar a nadie porque él mismo se rebatía a sí mismo y defendía al trabajador, y a decir verdad, en su doble personalidad, el sindicatero terminaba siempre ganándole la pelea al director. Su método de dirección, que tan buenos resultados trajo al centro, consistió en dialogar con las personas y hacerlos dar el máximo de sí apelando a su conciencia y su moral. Es cierto que a veces tronaba en exceso (justificado por algo mal hecho por la persona), pero si se excedía, siempre lo reconocía y pedía disculpas.

Bueno estimados lectores, como siempre desvarío, si yo de lo que tengo que hablar es de los radares. El caso es que cuando a Dositeo lo nombraron director, yo no era nada, ni jefe de los pioneros de mi departamento, que en ese momento se llamaba Departamento de Atención a la Red de Estaciones. Era Pedro Martin; pero lo estaban des-nombrando en ese momento, a la vez que nombraban a Dositeo como director. El director saliente llevó otra propuesta; pero Dositeo le dijo a Tomás –espera, yo propongo a Orlando, y sin previa consulta conmigo me llamaron. Yo solo pregunté –¿quién es el director? Tomás dijo –estamos nombrando a Dositeo. Yo dije, para asombro de algunos y disgusto de otros –acepto. Si bien Tomás fue el de la idea de crear el Centro de Radares, a eso antecedió la voluntad de Dositeo de que nuestro grupo asumiera totalmente la actividad de radares a nivel nacional y brillara en toda su potencialidad. A lo largo de estos casi 18 años Dositeo alentó, estimuló, protegió, haló, empujó y sirvió de sombrilla y de escudo al quehacer del Centro de Radares. A mi en lo personal Dositeo me quitó de arriba numerosas engorrosas tareas administrativas para dejarme espacio a conducir a mis talentosos ingenieros. A la hora de hacer las cosas Dositeo simpre dijo “nosotros”, “hagamos”. A la hora de recibir los premios y las condecoraciones siempre dijo “ellos” “hicieron” (refiréndose a nosotros). A nosotros nos consideran un paradigma de innovación; pero les comentó que Dositeo también fue un innovador destacado y obtuvo varias distinciones Forjadores del Futuro. A mi entender, Dositeo no ha dejado de ser un innovador nunca, lo ha sido en los servicios, en los métodos y en las ideas que han recibido numerosos premios y distinciones.

A Dositeo, por sus méritos indiscutibles al frente de este colectivo, le toca el mérito de haber “traido” al Presidente de Cuba. Ni por un minuto trató de centrar en su persona el diálogo, lo que hizo fue mostrar los logros de todos, poniéndose modestamente en segundo plano.

Pues sí, amables lectores, Dositeo es un “monstruo”, con personas así al frente, los colectivos realizan proezas y hazañas. El colectivo de radares se enorgullece de haber sido conducido por Dositeo. Le hago un guiño a los que deben encargarse, para que le concedan la Orden Finlay y el Premio Nacional de Meteorología por la Obra de la primera vida (porque ahora va a asumir un nuevo retos, que solo él y su fiel amigo Bruneta pueden llevar adelante exitosamente).

Acerca de meteoradar

Ingeniero eléctrico, Doctor en Ciencias Técnicas, Profesor Titular, Director del Centro Nacional de Radares del Instituto de Meteorología de Cuba.
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3 respuestas a Hablando de monstruos: Dositeo

  1. Gloria dijo:

    Como siempre!!! En broma … pero en serio!!! Espectacular tu reseña biográfica!!! Me encantó!!

  2. Luis Enrique Bisbé Sifontes dijo:

    Orlando gracias por contar la historia que algunos no conocen , es lo que usted dice Teo es de los imprescindibles, para mi es un honor trabajar con él , no soy tan maduro como ustedes pero si he participado en algunas tareas y coincido en el 100 % de lo que escribiste , por suerte se mantiene con nosotros en otro frente pero seguro que lo va a hacer bien gracias nuevamente .

  3. yosvanis turruelles dijo:

    Si yo aunque sea del CMP holguin, si compartí con el 2 veces una en la reunión nacional de radares 2006 y la otra en el curso de radares 2015. Es una gran persona y su modestia es indiscutible, siempre tiene una respuesta alentadora y capaz ante cualquier situación laboral.y muy atento con los forasteros de las demás provincia con radares. Salud y suerte en su nuevo desempeño.

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