La torre del radar de Gran Piedra: una maravilla de la Arquitectura Cubana junto a una maravilla de la Naturaleza

En 1973 se edificó una torre para dar cobija a un radar meteorológico en la montaña que alberga en su cima a la Gran Piedra, esa enorme roca de unas 63 mil toneladas de peso sobre una montaña.

Podemos considerar una serendipia que, con ese nombre de archiduque de Austria (al revés), el joven arquitecto José Francisco Sterling Medina, graduado en 1970, lo mandaran a trabajar en prestación de servicios a la Universidad de Oriente. Estaba justo allí cuando esta institución recibió, a fines de 1971, una solicitud de hacer un proyecto para construir la torre que debía alojar un radar meteorológico en la cima de la montaña de la Gran Piedra. Pero, veamos cómo ocurrió todo…

Proyecto de la OMM y el PNUD para instalar 9 radares meteorológicos de banda S en el Caribe. En la actualidad solo los 3 radares instalados en Cuba se mantienen en funcionamiento.

A finales de los años 60 del pasado siglo la Academia de Ciencias de Cuba, en voz de su presidente, el Dr. Antonio Núñez Jiménez, de conjunto con el director del recién creado Instituto de Meteorología, Dr. Mario E. Rodríguez Ramírez, habían solicitado a la Organización Meteorológica Mundial (OMM) ayuda para la adquisición de radares meteorológicos. Ese pedido se unió al reclamo de varios países anglófonos del Caribe con la intención de que se creara en la zona una “cortina” de radares meteorológicos para la detección y seguimiento de huracanes. El PNUD apoyó ambas solicitudes y a Cuba se le asignaron 3 radares, a instalarse en 1973 (Proyecto Cuba 507); pero el país debía garantizar la obra civil para instalarlos. Una de las localizaciones escogidas fue la de la Gran Piedra, donde aun funcionaba el radar DECCA-42 instalado en 1966. Se escogía por su gran altitud y su posición estratégica mirando hacia el Mar Caribe.

Radar DECCA-42, instalado sobre una de las dos secciones de la Gran Piedra en 1966, aún en funcionamiento cuando se decidió sustituirlo por el nuevo RC-32B de Mitsubishi por el proyecto Cuba 507.

Desconozco los detalles de cómo llegó la solicitud a la Universidad de Oriente; pero Sterling cuenta en una memoria que el arquitecto Leandro Herrera, decano del recién creado Conjunto de Construcciones (lo que es hoy la Facultad de Construcciones y que abarcaba las carreras de Arquitectura e Ingeniería Civil) de la Universidad de Oriente, se reunió con el arquitecto José Bergantiños, jefe del Departamento de Técnicas Constructivas y con él (Sterling), profesor de ese departamento, para asignarles la misión de asesorar en el proyecto y la construcción de una torre en La Gran Piedra para un radar meteorológico.

Universidad de Oriente, Monumento Nacional

Cuenta Sterling – En esos momentos me encontraba preparando una asignatura que próximamente impartiría en el curso académico 1972-1973, por lo que estaba sin actividad docente frente al alumnado. A la sazón me encontraba en prestación de servicios en la Universidad de Oriente y trabajaba también en la Dirección Técnica Provincial del DESA (Desarrollo Edificaciones Sociales y Agropecuarias del Sector de la Construcción) como proyectista, aunque en realidad era trabajador de la Universidad de la Habana. Por las anteriores razones, a pesar de ser un profesional recién graduado (1970), mi dirección superior me escogió para centrar dicha tarea”. Él no lo dice por modestia; pero lo eligieron también, porque era un profesional talentoso, no en balde lo seleccionaron para ir a Santiago a impartir clases—razono yo.

Oficina Territorial de Meteorología de las provincias orientales, hoy se denomina Centro Meteorológico Provincial de Santiago de Cuba

Los primeros contactos de Sterling con el proyecto fueron a través del ingeniero Orlando Núñez Russis, a cargo de la parte técnica del proyecto, quien fungía, además, como jefe del Departamento de Radares y Satélites del Instituto de Meteorología y a través de Alfredo Romero Aució, jefe de la Oficina Territorial de Meteorología para la provincia de Oriente. Ellos impusieron a Sterling de las necesidades, premisas y requerimientos que se imponía a la obra.

Imposiciones al proyecto

  • El proyecto debía elaborarse y ejecutarse con premura, porque de la terminación de la obra dependía que el montaje del radar se ejecutase como estaba previsto para el feliz desenlace del proyecto Cuba 507 y el país recibiera la donación de la OMM y el PNUD.
  • Desde el punto de vista constructivo debía garantizarse la factibilidad de su ejecución, habida cuenta del microclima de la zona y del régimen de vientos imperantes, además de la dificultad de acceso de los materiales por una pendiente muy abrupta.
  • La torre del radar debía cumplir con los requerimientos sísmicos y de vientos que debía soportar en ese lugar
  • Desde el punto de vista estético la obra debía integrarse a la Naturaleza del lugar y causar una impresión agradable de contraste con ella, de modo que el lugar no perdiera su encanto turístico.
  • Desde el punto de vista técnico, la torre del radar debía estar suficientemente elevada por encima de la Gran Piedra para que los únicos ángulos de cierre del radar fueran solo los de los picos Turquino y Cuba de la Sierra Maestra.

Concepción del proyecto

Basta leer las imposiciones para comprender que se trataba de una obra singular, para nada común en el panorama constructivo de la época en Cuba. De inicio Sterling descartó el desplante de la torre del radar SOBRE la Gran Piedra, a diferencia de la caseta del viejo radar DECCA-42 que había sido levantada sobre una de las dos secciones de esta roca, sino que propuso levantarla en el firme de la montaña AL LADO de la Gran Piedra; pero que tuviera una altura tal que la antena del radar sobresaliera por encima de ella para garantizar la visibilidad del radar, que quedaría obstruida solamente por los picos más altos de la Sierra Maestra. Esta idea tuvo su oposición por parte de algunas personas que trabajaban en el Instituto de Planificación Física en su filial de Santiago de Cuba. Ellos aducían que habría una competencia con la obra de la Naturaleza y que esto produciría una agresión al paisaje y al entorno. La cosa se puso fea y acudieron al Comandante Juan Almeida Bosque, a la sazón, al frente de la provincia de Oriente. Sin embargo – acota Sterling en su Memoria – “la mayoría consideró justamente que, por lo contrario, un interesante contraste entre la Piedra, por una parte, y el Radar, por la otra, ayudaría y protegería a la Naturaleza y al propio hombre. La dirección máxima de la antigua provincia de Oriente, la dirección del Instituto de Meteorología, la mayoría de los especialistas, el Comandante Almeida y yo, apostamos por esta propuesta”.

El Doctor Mario E. Rodríguez Ramírez supervisando el proyecto de instalación del radar DECCA-42, junto al técnico inglés de la compañía, en el año 1966.

Para materializar esta idea Sterling pensó en un “fuste” delgado, que, con poco volumen de construcción, permitiera elevar la cabina (el local del equipamiento del radar) que se abriría sobre él; pero que, a la vez, posibilitara resistir las cargas según las demandas del proyecto.

Construcción de la torre del radar en la Gran Piedra en 1973.

Para ejecutarlo Sterling tuvo la idea revolucionaria de construirlo por el método de “Moldes Deslizantes”. Los moldes deslizantes no eran una novedad en Cuba, habían sido usados con éxito en la construcción de chimeneas, silos, tanques elevados; pero nunca en una obra de esta envergadura, mucho menos en una construcción en un lugar con las características adversas que suponía esta ubicación de la Gran Piedra por su altitud, difícil acceso, régimen de vientos, microclima y características del terreno.

Método de los Moldes Deslizante empleado en la torre del radar de la Gran Piedra en 1973.

Jesús González Montoto (quien años más tarde sería director del Instituto de Meteorología) era el encargado por la dirección del Instituto de la construcción de las torres para los tres radares. Él narra1 que el Dr. Rodríguez Ramírez se entusiasmó con la idea de los moldes deslizantes por lo atrevida en innovadora. También a mí, el Dr. Braulio Lapinel Pedroso me contó sobre este entusiasmo de Ramírez con esta idea.

1: véase página 215 del libro “Instituto de Meteorología. Expresión de una Ciencia en Revolución” del colega Luis Enrique Ramos Guadalupe, Historiador de la Meteorología con el testimonio de Montoto al respecto.

Edificio principal del Instituto de Meteorología (antiguo Observatorio Nacional) y salón de actos y reuniones.

Tocó a Sterling ir a La Habana en el segundo trimestre de 1972 y presentar su anteproyecto a la dirección del Instituto de Meteorología. En la reunión estaban: el Dr. Mario E. Rodríguez Ramírez, director del Instituto, y los especialistas Orlando Núñez Russis, Jesús González Montoto y José R. Díaz Arias, y otros responsables de las distintas áreas relacionadas con el proyecto. Sterling llevó una maquete muy bonita, como de 80 cm de alto, y el radomo del radar era simulado por un bombillo pintado, eso impresionó favorablemente. Cuando llegaron al punto de las velocidades máximas del viento que la torre debía resistir, Sterling explicó que se había usado la norma aprobada para la región de Oriente Sur, que era de 130 km/h. Rodríguez Ramírez objetó vehementemente y dijo – “el radar es el general en la batalla contra los huracanes y tiene que ser el último que caiga gloriosamente” – y le pidió a Sterling que violentaran las normas por el bien del país. Sterling comprendió el requerimiento e hizo el diseño para que la torre soportara hasta 350-400 km/h, equivalente a un huracán de Categoría V en la escala de Saffir-Simpson (poco frecuente para la zona; pero aun así posible). Muchas años después, Sterling rememoraba al paso del huracán Sandy, cuán previsor había sido Rodríguez Ramírez, el Sandy habría volcado la torre diseñada para vientos de hasta 130 km/h.

Parte baja del fuste de la torre del radar de Gran Piedra.

Para cumplir con este requerimiento Sterling acudió al recurso de enterrar más los cimientos (1.20 m) y aumentar la capa de “rehincho” (la tierra que se tira encima para rellenar) aumentando de esta forma el peso en la parte inferior de la torre para así evitar el vuelco. Dado que la tierra que gravita sobre el plató del cimiento juega una función estructural, fue necesario garantizar que la erosión (muy común en este lugar) no la dispersara. Para esto él diseñó una acera perimetral de concreto, como un muro de contención alrededor del fuste para evitar que la erosión arrastrase la tierra de rehincho. Me comenta Sterling que en la remodelación de Batalla de Ideas por poco quitan las aceras, pero por suerte alguien lo consultó y él les explicó que las aceras formaban parte de las estructuras del radar.

Acerca de los “moldes deslizantes

Esta tecnología estaba en realidad centralizada en el país y dirigida por el “Grupo de Instalaciones Especiales del DESA”, aunque en las provincias existía un pequeño equipo subordinado al grupo nacional. En la provincia de Oriente no existían todos los medios para aplicar esta tecnología, especialmente no estaban los gatos hidráulicos para la izada, que eran administrados nacionalmente según la prioridad de las obras. También la asesoría para el uso de esta tecnología era proporcionada por el grupo nacional arriba mencionado. Para este proyecto se consultó con el arquitecto Flores, ya fallecido, especialista en esta tecnología. Recuerda Sterling – “Después de varias sesiones de trabajo entre el Arq. Flores y yo, identificando posible dificultades y detalles en la aplicación de esta tecnología en nuestra obra, se inició la construcción de los moldes necesarios en el deslizamiento y podemos afirmar que a pesar de las dificultades de la obra antes comentadas, la aplicación de esta tecnología en el proyecto del radar no presentó mayores dificultades”.

Moldes deslizantes fabricados para la construcción de la torre del radar en Gran Piedra en 1973. Con posterioridad fueron reusados para la construcción de la torre en el radar La Bajada en Pinar del Río.

Ejecución del proyecto

Cuando avanzó el desarrollo del anteproyecto, se oficializó la transferencia del mismo al “DESA” (Desarrollo Edificaciones Sociales y Agropecuaria del Sector de la Construcción, cito en Avenida de las Américas y Casero, Reparto Ampliación de Terrazas, donde hoy radica la Empresa de la Construcción de Obras de Arquitectura ECOA# 21 del MICONS) y así se inició el proyecto definitivo.

ECOA # 21, donde antes estuvo ubicada la dirección técnica del DESA (ejecutor del proyecto de construcción de la torre del radar) en Santiago de Cuba.

La construcción de la obra también fue encargada al DESA a través de su representación regional de Santiago de Cuba. El director en aquel momento de esa organización era el compañero Luis Brito Jiménez. El Jefe de la brigada constructora de Obras Sociales era el compañero José Fariñas y los responsables más importantes de la obra fueron: Francisco Arias, Jefe de Obra y Alipio Cabrera, asesor en el DESA regional de la actividad de acero (encabillado). En este proyecto, esa asesoría resultó clave porque se requería ir avanzando con el encabillado rápidamente por encima del molde, mientras este venía desplazándose unos metros por debajo de forma continua. Esto debía hacerse sin errores en el encabillado, que hubiesen dado al traste con la obra. La ejecución de la obra no duró más de 4 meses — me comentó Sterling por teléfono.

Vista superior de la torre del radar de la Gran Piedra en el proceso de construcción.

El molde era halado por la fuerza de varios gatos hidráulicos, “estruzando” el hormigón que se iba vertiendo desde la parte superior. Colgado del molde se adicionaron varios “sillines” o jaulas donde operarios, sentados, iban rematando y dando terminación con frota al hormigón aún fresco. De esta forma innovadora se evitó el uso de andamiaje para este fin, con un ahorro consecuente de recursos y tiempo. La posición de los moldes debía corregirse constantemente con plomadas; los vientos imperantes hacían muy difícil el trabajo con las plomadas; pero los obreros eran verdaderos profesionales y lo lograban. El molde avanzaba hacia arriba a razón de una pulgada cada hora y media. La cabina superior se fundió abajo y se izó cuando estuvo lista.

Varias vistas del proceso constructivo de la torre del radar de Gran Piedra.

Sterling considera necesario, en su Memoria sobre esta obra, reconocer el trabajo inestimable de algunos compañeros en la feliz realización de esta obra: “Al ejecutor de los cálculos estructurales, un novel egresado de la escuela de ingeniería civil de la CUJAE con menos de 2 años de graduado, el Ing. Jorge Rodríguez, alias “binocular“, habanero, en servicio social en esta región. El Ing. Rodríguez, fue asesorado por el Ing. J. Vinuenza, ecuatoriano que llevaba un decenio trabajando en Santiago de Cuba, en la Dirección Técnica del DESA. Vinuenza es considerado el precursor del diseño estructural antisísmico con rigor en Cuba. El fungía como jefe del Departamento de Estructura de la nombrada entidad que atendía las construcciones en la antigua provincia de Oriente”.

Dos símbolos que caracterizan la SOSTENIBILIDAD de este proyecto: el Radar Meteorológico de la Gran Piedra y el jeep Toyota (original, sin re-motorización) ambos en perfecto estado de funcionamiento desde 1973. Vista desde el lado trasero, donde puede observarse la abrupta ladera por donde se subieron los materiales para la construcción, primero con arrias de mulos, después con buldóceres.

Realmente, esta obra podría considerarse entre las maravillas de la arquitectura cubana. Un orgullo de los santiagueros y de los cubanos todos. Un ejemplo de sostenibilidad que solo puede lograr un pueblo en Revolución.

Y allí, al lado de la Gran Piedra, compartiendo amigablemente el espacio natural se alza con hidalguía, elegante y valiente la torre del radar meteorológico, de frente a todos los huracanes.

Acerca de meteoradar

Ingeniero eléctrico, Doctor en Ciencias Técnicas, Profesor Titular, Director del Centro Nacional de Radares del Instituto de Meteorología de Cuba.
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