Papeles son papeles…

Ciencia: Esto es lo que cuestan las revistas científicas: España se ha  pulido 213 millones desde 2012
Una opinión sobre las publicaciones científicas

Suele evaluarse la producción científica por los artículos que publique un investigador, y eso está bien, concuerdo que puede ser un indicador… siempre y cuando los artículos estén estrechamente relacionados con los RESULTADOS. Un artículo no necesariamente se corresponde con un resultado. También un indicador de la actividad científica es la cantidad de masters y doctores, y también aclaro que es un indicador si se corresponde con…nuevamente, los RESULTADOS, porque muchas veces la obtención de un título, especialmente de master, es solo un ejercicio académico. Seamos sinceros, a veces un ejercicio académico de muy bajo nivel. Hay especialidades “malditas”, en las cuales muy pocos se atreven a defender un doctorado, y hay otras en las cuales los doctorados son mayoritarios (aun dentro de la escasez de doctores que tenemos). Es bueno aumentar el número de doctores, sea cual sea la especialidad, pero…hay que engrosar el número de doctores en las especialidades claves para el desarrollo del país.

Escribir artículos científicos: «publicar o morir»

Bueno, me estaba desviando, retorno al tema de los “papeles”. Tengo una práctica docente de 36 años. He estado vinculado a la universidad y la academia desde hace mucho. Creo que mi currículo docente supera por mucho al de investigador, a pesar de que he sido investigador desde hace 37 años, y es mi trabajo “principal”. He recibido muchos ingenieros recién graduados para hacer tesis de maestría, y unos poquísimos de doctorado (incluyendo uno en el extranjero). He escuchado infinidad de veces, que los profesores de ingeniería recién graduados me dicen cosas como estas: dice mi tutor de la universidad (yo siempre soy “el otro” tutor) que necesito publicar urgentemente, dice mi tutor que lea sobre tal tema para publicar sobre eso, dice mi tutor que ando flojo en las investigaciones, que debo publicar en revistas de alto impacto.

Un dirigente a quien aprecio mucho me comentaba sobre una persona joven: “tiene 17 publicaciones en revistas de primer nivel este año”. Simplemente me dejan pasmado ¿Cómo puede un joven recién graduado lograr una publicación en una revista de alto impacto si no lleva a cabo ninguna investigación? ¿Cómo puede un investigador (aun cuando no sea novel) lograr 17 publicaciones en revistas de primer nivel en un año y sobre todo…dónde están esos resultados aplicados? ¿Qué problemas resolvieron? ¿resolvió 17 problemas científicos en un solo año? Fantástico. Siempre recalco que si deseas validar la calidad de un resultado científico debes lanzarlo al “ruedo de la especialidad”, allí, en las dos o tres revistas donde publican los «pesos pesados» de esa especialidad. Allí es dónde hay que ver quién es quién. Cualquier otra liga es «de mentiritas», solo para inflar currículos vanidosos.

España: Las publicaciones científicas universitarias crecen más de un 70% |  REDEM
El tema de las publicaciones es muy debatido.

Hay científicos que publican en ciertas revistas que tienen un carácter más científico-divulgativo; pero que, a pesar de su buen factor de impacto, no son la arena donde se pelean las mejores peleas de una especialidad. Algunas revistas logran un cierto factor de impacto por determinada estrategia corporativa: los autores de una institución se citan unos a otros, y claro está, tienen publicaciones interesantes. Por otra parte, hay mucho de juego sucio en el asunto de las publicaciones. Un amigo italiano, de la élite de la especialidad, me contaba que un revisor de una importante revista le robó los resultados de su publicación, retuvo su publicación y mientras tanto, aprovechando su posición de revisor, publicó el resultado a su nombre. Nada, Edison versus Tesla, un clásico que se repite hasta el infinito.

Mi opinión es que la publicación está al final de proceso y no al principio, es muy nocivo invertir el orden. Yo sigo a los punteros de mi especialidad desde hace muchos años, y ellos, en un buen año, apenas logran 2 o 3 publicaciones, eso sí: contundentes, de las que todos los de la especialidad se las quieren leer, de las que son referenciadas con posterioridad por muchos investigadores durante años. Para saber quién es quién no basta con ver un luengo listado de publicaciones. Hay que ver, además, qué lugar ocupa el investigador en cuestión en los artículos que ha publicado. Digo esto porque hay quien se involucra en proyectos con figuras bien establecidas y logra aparecer en un largo listado de autores con un aporte mínimo. Hay que ver (hoy día Google Académico nos dice muchas cosas en este campo) ¿Cuántas personas se lo leyeron? ¿Cuántas personas referenciaron ese artículo en cuestión?  ¿Cuál es el aporte de un investigador en el artículo? ¿Cuán vinculadas están esas publicaciones con los resultados obtenidos, ya sean prácticos o teóricos, por un investigador?

La carreta delante de los bueyes – Miguel de Loyola
Publicar sin tener resultados es «poner la carreta delante de los bueyes».

Lo de medir por el número de publicaciones ha generado investigadores cuyo objetivo no es obtener resultados, sino publicaciones (no hablo solo de Cuba, es mucho más general). Yo no es que tenga un conocimiento científico de perfil muy amplio (me dedico a los radares meteorológicos, que es un campo estrecho); pero leo muchas cosas de temas conexos. Cuando me leo currículos, siempre acudo a Google Académico, para ver con quién estoy lidiando. Me leo los artículos, pero siempre averiguo ¿Qué resultados ha ido dejando el investigador? ¿Dónde se aplican? ¿Quién los ha usado? Eso lo hago para saber si lo que me estoy leyendo es digno de consideración o no. Lamentablemente hay muchos resultados que sobreviven solo de nombre. En ninguna parte puedes leer sobre ellos, en ninguna parte puedes verlo aplicado a algo, sea teórico o práctico. No falta quien llegó a ser una «vaca sagrada” por antigüedad y número de publicaciones…que francamente no dicen nada de utilidad para nadie y su huella es muy pobre como para el lugar en que se ubicaron. Hay otros resultados que están destinados a vivir por siempre. Ahí tenemos, en la especialidad de la Meteorología de Radar aquel emblemático artículo de J. S. Marshall y W. McK. Palmer, que data de …1948 y ha sido citado decena de miles de veces y que aun hoy sigue teniendo validez para la estimación de las precipitaciones por radar.

La inmortal publicación de Marshall y Palmer, un clásico que data de 1948

Pedir a los muy noveles (que apenas comienzan su trabajo) que publiquen, me parece que es algo así como “poner la carreta delante de los bueyes”. Primero que todo, debe existir un problema cuya solución pase por la aplicación de la ciencia. Como dice el refrán estadounidense: “if it ain´t broke, why fix it?”, en buen cubano: ¿si no está roto, para qué repararlo?

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Hay que elegir bien el problema a resolver.

El que ha de resolver el problema no es el que debe buscarlo, el que tiene el problema es el que debe divulgarlo e insertarlo en los programas para que los talentos de alguna universidad se animen a su solución. Es incorrecto pedirles a los jóvenes “que se busquen en qué investigar” porque eso puede traer un despilfarro de un recurso muy importante y escaso en Cuba: el capital humano joven. Los jóvenes deben incorporarse a proyectos y programas establecidos, bajo la conducción de alguien experimentado. Lo ideal es que los problemas provengan de los programas nacionales, ramales o territoriales, y que a partir de estos se organicen los proyectos, y que los jefes de proyectos convoquen (y motiven) a los jóvenes talentosos a resolver los problemas que se derivan de estos proyectos. Nunca al revés.

Después viene estudiar bien el problema, desde todos los ángulos, exhaustivamente, en esta fase es donde se gana la batalla, no se puede apelar a un método o una herramienta solo porque es lo que uno conoce. Toca buscar TODO lo que ha hecho TODA LA HUMANIDAD para solucionar ese problema y otros semejantes. Es una fase cansona, pero hoy tenemos Internet, cosa que no teníamos hace 20 años. No hay que “irse con la primera posible solución”, es como lo que hacen las empresas de comercio exterior: evaluar varias ofertas.

Finalmente…poner manos a la obra y RESOLVER el problema, primero sobre la mesa y luego en la práctica, y resolverlo, de ser posible, en todos los lugares donde exista el problema. Luego … entonces sí que sería un pecado no publicarlo, porque la publicación ayudará a otros a resolver problemas semejantes, pero para publicar hace falta tener el problema resuelto. Los artículos científicos no son folletos docentes para explicar a otros lo que uno logró entender leyéndose artículos “primarios”.

Escribiendo el artículo científico sobre los resultados obtenidos

Pues nada, yo solamente deseo “soltar esta papa caliente”, comentar sobre este tema de las publicaciones y ver si logro provocar un debate al respecto.

Yo trabajo en el servicio de vigilancia meteorológica por radar en Cuba. Mayormente lucho por conseguir soluciones técnicas a problemas que ya fueron solucionados hace 10, 15, 20 años en el mundo; pero que conforman un equipamiento extremadamente caro. Más bien lo que logramos es disminuir las inversiones en los 2/3 que el fabricante le añade al precio por su know-how. Un know-how que nosotros hemos logrado dominar, pero que no es publicable, al menos en las revistas especializadas de alto impacto, porque ya todo lo que se podía publicar sin revelar el know-how fue publicado. Así que nosotros logramos sustituir la importación…del conocimiento. Esto lo divulgamos en eventos de primer nivel, de cuando en cuando, solo para que el mundo sepa que llegamos a ese primer nivel.

En realidad, nuestros resultados están “publicados” en los radares. Todos tienen acceso a ellos en http://vestaweb.insmet.cu, tras esas imágenes se ocultan años de investigación para llegar a saber cómo se diseña y fabrica un radar, cosa que no puedes leer en ningún libro ni en ningún artículo científico; pero el resultado está allí, funcionando en la práctica.

Acerca de meteoradar

Ingeniero eléctrico, Doctor en Ciencias Técnicas, Profesor Titular, Director del Centro Nacional de Radares del Instituto de Meteorología de Cuba.
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