Ironías del destino: la asignatura pendiente

Yo saqué 5 puntos (calificación de sobresaliente en la antigua Unión Soviética) en todas las asignaturas que llevaban calificación en mis cinco años de carrera. En algunas universidades de occidente le llaman a eso Suma Cum Laude. Por más que yo era un estudiante muy obstinado y tenaz no podía estudiar para la máxima calificación en todo. Nunca he tenido un talento fuera de lo común, por tanto, obtener estas calificaciones exigieron de mí, no solo un enorme esfuerzo, sino también un algoritmo, una estrategia, porque a mí, el tiempo no me alcanzaba para sabérmelo todo. En aquellas asignaturas que no llevaban un examen con calificación, yo “descansaba”. Les explico a mis amables lectores. Había asignaturas que no tenían examen, sino una prueba sin calificación oficial. Se llama zachót en ruso. Era como un aprobado/desaprobado (зачёт/незачёт) Crédito/No crédito, sin nota. Daba igual si contestabas para 5 como si contestabas para 3, igual te anotaban zachót, es decir, “pasó” (o no pasó y había que repetirlo hasta obtener el «pasó»). Y en esas asignaturas yo contestaba para 3, es decir, no tenía que tratar de sabérmelo todo, se trataba solo de aprobar “por los pelos”, cruzar “la varilla” del aprobado “rozando”, un descanso a la mente comparado con la obligación que yo me imponía de obtener un 5. No sé si es que yo les prestaba poca atención a esas asignaturas; pero la realidad era que esas asignaturas no me gustaban. Bueno, había otras muchas que no me gustaban; pero como tenían examen con nota me las estudiaba para 5, y quieras que no, les tomaba un poco de “cariño”. En casi todos los casos, me gustaran o no, me la estudiara a fondo o no, yo las hallaba muy pertinentes para la carrera, excepto en un caso…

Pues hete aquí, amable lector, que a la altura de cuarto año apareció la asignatura de Teoría de Transmisión de Señales (Теория Передачи Сигналов) para el Transporte Ferroviario. Sí, porque yo estudié en el Instituto de Transporte Ferroviario de Moscú.

Esta asignatura tenía dos semestres. El primer semestre tenía zachót y ya les conté qué hacía yo con esas asignaturas. Para facilitarme las cosas, el Profesor (Doctor en Ciencias, de segundo nivel) que la impartía era un viejito muy simpático, que daba sus conferencias usando megáfono, esto no tiene nada que ver con el cuento, es solo un detalle folclórico, porque ningún Profesor lo usaba, todos tenían un chorro de voz que “mojaba” y hasta “empapaba”, diría yo, es decir, que hacía vibrar hasta el más alejado de todo el auditorio de los 6 grupos (patók le decían los rusos cuando los 6 grupos, unas 180 personas, se unían para recibir conferencias en un auditorio escalonado bien grande).

Así eran las aulas donde se impartían las conferencias en mi Instituto.

La característica más relevante de este Profesor es que hacía los exámenes, como muchos otros, “a libro y libreta abierta”. Eso era una bicoca para mi que de siempre tuve memoria fotográfica y los estudios me la habían entrenado hasta poder memorizar varias páginas de un libro, incluyendo tablas de números, de solo mirarlas unos minutos. Así pues, no estudié absolutamente nada y di mi zachót sin esfuerzo, recitándole al Profesor lo que me había leído unos minutos antes en lo que me “preparaba” para contestar. Los compañeros rusos se tomaban el trabajo de copiar del libro e ir con los apuntes que recién habían hecho y como es lógico se sometían a las preguntas que al Profesor se le ocurría hacer del tema que te tocaba…y de cualquier otro.

Instituto de Ingenieros de Vías de Comunicación de Moscú. Hoy Universidad Rusa del Transporte.

En el segundo semestre, que sí llevaba examen, repetí la dosis. No faltaba a clases, pero en sus turnos me leía cualquier cosa; pero nada que ver con la asignatura, a la cual ni siquiera prestaba atención. Siempre quejoso de esta asignatura inútil; le comentaba a mi tutor, el Doctor Borís Mijáilovich Stepenski, que para qué nos incluían esa asignatura en nuestra carrera. Stepenski me decía –Orlando, es una asignatura importante, sirve para muchas cosas. Yo, autosuficiente y zoquete le decía—que va, eso no sirve de nada, pura teoría inútil.

En el examen, modestia aparte me lucí. Me leí unas 20 páginas del libro. Fui sin ningún apunte. Le recité al Profesor lo que recién me había aprendido (en la memoria temporal que se borra muy rápido). Siguiendo mi “estrategia” hice mi “chou”, toda una escenificación teatral. Lo importante es que no me fuera a hacer ninguna pregunta fuera de “mi” tema. Hacía como que pensaba, vacilaba, le daba material para que me preguntara algo que yo intencionalmente omitía y ahí lo aplastaba con una tabla de números, muy modosito haciéndome la culebra inválida, como que no recordaba bien; pero “creía” (en realidad estaba más que seguro, estaba viendo en mi mente las ecuaciones y las tablas). El Profesor deslumbrado me puso 5 y me felicitó y me puso de “ejemplo” ante todos. Cuánta maldad, alevosía y soberbia de mi parte.

Yo feliz de ser tan “vivo”; pero como dice Simbad el Marino “¡…cuanto voy a contarte a ti y a todos mis honorables invitados, no me sucedió, en suma, más porque el destino lo había dispuesto de antemano y porque toda cosa escrita debe acaecer, sin que sea posible rehuirla o evitarla!”. Pues sí, ahí estaba la Vida, el Destino, el Más Allá, la Ley de la Atracción, Dios que todo lo ve, Satanás, el Malvado, o lo que sea, agazapado esperándome para cobrármela por haber engañado al amable viejito de Teoría de Transmisión de Señales.

Yo, trabajando en el radar MRL-5…bueno, en realidad…posando.

En mi primer año de trabajo no pasó nada, ni al segundo tampoco. Yo estaba enfrascado en dominar la circuitería del radar. Tenía que estudiar como un demente; pero era Electrónica, una de mis asignaturas favoritas. Verdad es que tuve que incursionar en los de las Máquinas Eléctricas, que también había sido asignatura de zachót; pero nada del otro mundo.

El problema vino cuando llegó mi segundo asesor, el ingeniero Vilory Krávtchenko. Él venía con planos para montar un digitalizador seguido de un integrador exponencial ponderado aplicado a la salida de la señal de video. Algo nuevo para mí; pero igual, era Electrónica Digital, mi nueva mascota favorita. Lo montamos y funcionó muy bien. El problema es que se fue Kravtchenko a los dos años y yo seguí sin saber por qué hacíamos eso, ¿por qué precisamente así?  y eso me torturaba. La respuesta estaba en la Teoría de Transmisión de las Señales, y ya saben mis avezados lectores cuán inútil es esa asignatura.

Yo nunca le he tenido miedo a estudiar. Me zambullí y allá va eso; pero las dudas no hacían sino crecer. Estudiaba más, y aparecía, como la hidra de las siete cabezas, más y más incógnitas. Me lancé a experimentar por cuenta propia y más dudas. Nadie a quien preguntar. Ah, el viejito Profesor debe haber estado gozando eso en el cielo…”si hubieras prestado atención a mis clases…”. Tan profundo me sumergí que terminé escribiendo una tesis de doctorado…en aquella maldita e inútil asignatura. Ay Stepenski, cuánta razón en sus sabias palabras. Perdona retroactivo a este ignorante bocón.

Nada, quién me iba a decir que andaría yo por el mundo en eventos e impartiendo conferencias sobre cómo nosotros, un grupito de guapos ingenieros, logramos meternos en una tecnología que solo siete grandes poseen, ninguno de los cuales hace cola para el pollo.

Amables lectores, créanme que ahora que soy experimentado yo se los puedo decir: la Teoría de la Transmisión de Señales debe impartirse en todas las carreras de perfil eléctrico…humm, esperen ¿no será que los soviéticos que hacían los planes de las carreras ya sabían eso? Ahora me entra la duda…Lo cierto es que ésta es la mejor asignatura, eso se los puedo asegurar. Es fascinante cómo a partir de las señales de cualquier tipo uno logra extraer información muy relevante, oculta a simple vista. Si no me lo creen, miren nuestro Radar Meteorológico Cubano. Ya lo dice el refrán: ¡Al que no quiere caldo…tres tazas!

Acerca de meteoradar

Ingeniero eléctrico, Doctor en Ciencias Técnicas, Profesor Titular, Director del Centro Nacional de Radares del Instituto de Meteorología de Cuba.
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Una respuesta a Ironías del destino: la asignatura pendiente

  1. Milagros dijo:

    Eso nos ha pasado a todos.

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