Innovación tecnológica: pasado, futuro y…¿presente?

Tomado del periodico Granma Digital, del 1 de agosto de 2017, en la seccion Opiniones.

 

Desde los albores de la Revolución Cubana la innovación tecnológica se convirtió en la herramienta por excelencia para vencer al bloqueo. Se echaron a andar las industrias que enmudecieron con el éxodo de los especialistas, entre ellas la emblemática industria del níquel, se mantuvo en funcionamiento el transporte, y en lo adelante la innovación se agigantó y se hizo parte del quehacer técnico en Cuba. Se construyeron ingenios azucareros, computadoras, equipos médicos, ómnibus, cosechadoras y un sinfín más de equipos de diseño totalmente cubano. Se asimilaron equipos industriales soviéticos, y se les hizo funcionar exitosamente en las condiciones cubanas.

Compulsados por el Comandante en Jefe Fidel Castro nos convertimos no solo en un pueblo de hombres de ciencia, sino también de innovadores y racionalizadores, que es como llevar la ciencia a todas las escalas de la nación. Aglutinados en dos grandes grupos, las Brigadas Técnicas Juveniles y la Asociación de Innovadores y Racionalizadores nos adueñamos de las palabras del Che “seamos sensatos, hagamos lo imposible” y lo hicimos: no hubo problema en Cuba que los innovadores no lograran resolver en breve plazo. Los innovadores en todos los espacios esperaban ansiosos a que aparecieran problemas que les permitieran poner su ingenio al servicio del país. Nuestros emprendedores (perdón señor Obama, pero sí, desde siempre fuimos emprendedores, antes solo en las empresas estatales, ahora también en las iniciativas privadas) mantuvieron funcionando cualquier tipo de tecnología, incluso mejorándolas y adaptándolas a servir mejor a nuestros propósitos.

De que en nuestro futuro seguirá estando la innovación no hay dudas. No solo porque las economías de avanzada se sustentan fuertemente en la innovación tecnológica, sino porque está explícitamente recogido en nuestros documentos rectores. En el documento “Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista”, la palabra innovación se repite 13 veces. En el “Plan nacional de desarrollo social hasta el 2030”, la palabra innovación se repite 19 veces. Potencial humano, ciencia, tecnología e innovación conforman uno de los ejes estratégicos de nuestro desarrollo, y no podía ser de otro modo, no somos un país de grandes recursos naturales.

No solo por mi actividad principal científico-técnica, sino también por mi larga labor como docente, he podido pulsar nuestra realidad en la industria durante más de 35 años. Lo cierto es que el gran movimiento de innovadores y racionalizadores languidece. Los decisores muchas veces prefieren las inversiones foráneas. Ya los dirigentes no acuden con la frecuencia de antes a los talleres a buscar la solución a sus problemas, sino que planifican la sustitución de las tecnologías envejecidas por nuevos sistemas de fabricantes extranjeros, a los que se les paga caro por un know-how que se tiene o se podría lograr en el país.

Por otra parte está el que a los cubanos nos gusta competir y ganar. En la pelota, en el boxeo, en el volibol, en el canto, en el baile, nos gusta mostrar cuan buenos somos o caer en el intento. Para la innovación tecnológica el Comandante en Jefe promovió los foros, de Piezas de Repuesto, de Energía, y algunos más especializados, hasta desembocar en el evento máximo: el Fórum Nacional de Ciencia y Técnica. Centenares de miles de ponencias se presentaban a concurso, representando todo el quehacer de innovadores de todas las ramas del saber, científicos de todas las escalas. Desde las emblemáticas vacunas hasta las más humildes soluciones, todos competíamos, y los que no, apoyábamos y disfrutábamos de los éxitos de los nuestros.  Sin embargo, en esta gran arena se apagaron las luces. Los gladiadores de la innovación se han quedado a la espera, desde el 2006, de un próximo Fórum Nacional que no llega. El movimiento cada vez más pierde fuerza, se jubilan grandes innovadores y el posible relevo se va a buscar fortuna en otros campos mejor remunerados. Me consta que algunos aún esperan al lado de su torno que los vuelvan a llamar para solucionar problemas urgentes.

Para ser justos analicemos el tema desde el lado de los decisores y dirigentes. La solución casera suele demorarse más, porque infinidad de pequeños inconvenientes la entorpecen. Hay mucha incertidumbre y riesgo al encargar la solución a un equipo local de innovadores. A veces se invierte en algunos componentes caros para añadirle el know-how cubano, y la puesta en marcha se ve retrasada por la falta de componentes (ridículamente insignificantes comparados con la inversión principal), que supuestamente se pueden conseguir en plaza, pero que en la práctica no aparecen en el momento que se requieren. Paradójicamente resulta más expedito y más barato mandar a comprar fuera un armario metálico que fabricarlo en Cuba, a pesar de todas nuestras plantas mecánicas e infinidad de talleres con capacidad para hacerlo, porque esos talleres a su vez no tienen todo lo necesario para producirlos y requieren de importaciones, que no llegan cuando hace falta. En resumen: infraestructura deficiente. Por otra parte está el astuto fabricante foráneo que ofrece el cielo: sistema “llave en mano”, garantía por un tiempo largo, servicio de postventa por muchos años. Trae un “pedigrí” debidamente acreditado y se auto titula como “el mejor del mundo” en su ramo, y otros dulces cantos de sirenas que embriagan hasta al más sensato decisor.  Los decisores, no sin razón piensan: lo compramos fuera y nos quitamos TODOS los problemas de arriba.

Tengo dos avales fuertes para dar una opinión sobre el tema: uno es ser el más antiguo del colectivo que ha mantenido en funcionamiento siete radares meteorológicos (de dos diferentes fabricantes y modelos), que tienen entre 34 y 44 años de antigüedad (sin duda aspirantes a récord Guinnes por longevidad en el servicio), logrado por una innovación tecnológica continuada y exitosa; y dos, haber brindado asistencia técnica en varios países que se han comprado radares meteorológicos de última generación. Esto me ha permitido ver el tema desde las dos caras: comprar hecho o hacer en casa, dependencia o soberanía tecnológica.

Cuando se habla de soberanía tecnológica hay quien aduce que si hay que comprar componentes en el extranjero, no somos independientes. En mi opinión es un concepto erróneo. El mundo está muy especializado y globalizado. Ningún país ni fabricante puede producir todo lo que requiere. Cuando se habla de independencia tecnológica se trata de que lo que no se debe hacer es pagar por un know-how que se tiene o se puede lograr. Se es independiente tecnológicamente cuando, comprando componentes genéricos (de amplio uso en la industria, que se pueden comprar a muchos suministradores, y que son producidos por diversos fabricantes), se crea un equipo complicado, para una función específica, cuyo know-how tomó años adquirir, y cuyo precio en un mercado especializado es muy elevado comparado con el costo de los componentes. Para poner un ejemplo de algo que conozco bien, puedo decir que los ingenieros del Instituto de Meteorología podemos fabricar un radar de la más moderna tecnología que hay en el mundo (y completamente adaptado a las misiones, y condiciones de explotación de Cuba) comprando componentes, partes y piezas (sí, incluyendo los susodichos armarios metálicos) a un costo menor a un millón de dólares. Semejantes equipos se venden por las muy pocas firmas que monopolizan el mercado, a un precio entre 3 y 4 millones de dólares. No se trata de un razonamiento teórico, ni de un exceso de entusiasmo. En el año 2004, al paso del huracán Iván, el Comandante en Jefe interrogó al Dr. Rubiera sobre qué más haría falta para apoyar la meteorología y este le dijo: un moderno radar Doppler. La creación de un prototipo de radar para el servicio meteorológico fue encargada, por el Jefe de la Revolución, a los ingenieros del Instituto de Meteorología, quienes ya poseíamos un largo historial en el sostenimiento, modernización y automatización de los radares. Este prototipo de radar meteorológico cubano funciona exitosamente desde el año 2012, cumpliendo así la misión asignada.

Sin embargo, la realidad en los países donde hemos prestado servicio nos ha enseñado que la buena viejita (el vendedor) que ofrecía la apetitosa manzana (el radar ultramoderno) a Blanca Nieves (el comprador) se transforma muy rápido en la malvada bruja. Sostener un radar moderno es una carga pesada. La dependencia de UN fabricante hace que los costos de mantenimiento sean extremadamente elevados. La visita de un experto sobrepasa los 10 mil dólares (sin que solucione el problema, solo para dar una opinión de lo que hay que comprar). El mantenimiento anual está en el orden del 10% de la inversión inicial. El fabricante garantiza la dominación por medio de circuitos encapsulados en grandes módulos, cuya reposición es muy cara, y cuya reparación por parte del usuario es imposible por la carencia de los planos. El software cerrado no admite adaptación a las necesidades del usuario. A esos radares, a no ser que se le haga una restructuración total del hardware, no se le pueden adaptar partes y piezas de otros fabricantes, están condenados de por vida a las condiciones, cada vez más onerosas, del vendedor original. Esa es la realidad postventa de una inversión en el extranjero.

Aprovecho la ocasión para compartir algunos de los factores que a mi juicio han propiciado el éxito de la innovación tecnológica en el colectivo en el que trabajo y que pueden servir a otros para que esta no agonice. En primer lugar debo mencionar que la dirección del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, la dirección de la Agencia de Medio Ambiente y la dirección del Instituto de Meteorología desde siempre nos brindaron todo su apoyo moral y material, incluyendo costosas inversiones para mantener y mejorar los radares, confiando plenamente en nuestras arriesgadas soluciones tecnológicas basadas en la innovación. En segundo lugar mencionaría la base material y la asesoría que nos brindó la Unión Soviética, durante la década de los 80, que plantó la semilla que germinó exitosamente hasta llegar al colectivo actual en el que se mezclan experimentados y noveles ingenieros para una edad promedio de 39 años. En tercer lugar diría que la ventaja del ciclo cerrado es muy importante: en el mismo colectivo los ingenieros diseñan nuevas soluciones, pero también reparan y mantienen los radares, propician la adquisición de la información, pero también la procesan, analizan e interpretan para brindar al servicio meteorológico un producto de radar más acabado. Por último, no puedo dejar de mencionar que en el colectivo ponemos especial énfasis en la preparación y entrenamiento del personal. Ha habido una transferencia de conocimientos continua desde los grandes ingenieros soviéticos que otrora nos asesoraron hasta los más jóvenes que recién se incorporan al colectivo. La motivación por el trabajo ha sido el principal elemento de cohesión.

Así pues, abogo por un S.O.S. por la innovación tecnológica, es la mejor forma de honrar el pensamiento del Comandante en Jefe y proyectarlo hacia el futuro, que como él predijo, será necesariamente de hombres de ciencia.

 

NOTA

El colectivo de ingenieros de radar del Instituto de Meteorología ha obtenido la Orden Finlay al colectivo, un Premio Anual de la Academia de Ciencias, un Premio Relevante en el XII Fórum de Ciencia y Técnica, un Premio Distinción Relevante en el XV Fórum de Ciencia y Técnica, el Premio Nacional a la Innovación Tecnológica del CITMA, el Premio Nacional al trabajo de Mayor Aporte Medioambiental del CITMA, y numerosos premios de las BTJ, la ANIR, y los Fórum provinciales.

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Acerca de meteoradar

Ingeniero eléctrico, Doctor en Ciencias Técnicas, Profesor Titular, Director del Centro Nacional de Radares del Instituto de Meteorología de Cuba.
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